Recomiendo visitar la siguiente página que corresponde a una Revista Digital en la cual he publicado un artículo titulado "Desarrollo del papel de la experiencia y del experimento en la
historia de la ciencia moderna".
El link es el siguiente: http://revistas.ojs.es/index.php/initinere/article/view/454/456
Este blog es creado con el propósito de compartir pensamientos filosóficos, antropológicos, políticos y sociales... los textos que encontrarán publicados son de mi autoría, y están abiertos a la crítica constructiva y al diálogo. La intención es reflexionar acerca de los elementos que hacen al contexto actual de nuestro mundo contemporáneo.
viernes, 21 de octubre de 2011
miércoles, 21 de septiembre de 2011
FEYERABEND: EL IMPACTO DE UNA EPOCA
El anarquismo que propugna Feyerabend fue una necesidad, un reclamo de la época y de la cosmovisión del hombre. En su “Tratado contra el método”, Feyerabend distingue dos problemas fundamentales: ¿cuál es la estructura de la ciencia y cómo se construye?, y en segundo lugar, ¿cuál es su peso específico, comparado con el de otras tradiciones y cómo se juzgan sus aplicaciones sociales?
Según Feyerabend, la ciencia no presenta una estructura. Los científicos, al tratar de desarrollar un problema, pueden utilizar tanto un sistema como otro. Es indistinto un procedimiento u otro.
Novedosamente, Feyerabend se arriesga a afirmar que la ciencia se encuentra mucho más cerca de las artes y de las ciencias humanísticas de lo que se afirma en las teorías tradicionales del conocimiento. Por supuesto, esta última afirmación fue catalogada por lo menos de “aventurada”.
Tanto los problemas como los resultados, serán analizados políticamente. Menciona Feyerabend que en una democracia, por ejemplo, los resultados científicos serán evaluados por consejos de ciudadanos debidamente elegidos: no son así, los expertos, sino los comités democráticos quienes se constituyen en autoridad definitiva para todas las cuestiones de tipo científico.
No es “la verdad” quien decide, sino las opiniones de dicho comité. Dice Chalmers en “La teoría anarquista del conocimiento de Feyerabend” que para Feyerabend “la ciencia no es necesariamente superior a otros campos”.
¿Es esto acaso un regreso al temido ámbito de la metafísica que despreciaba el positivismo lógico? Quizás es un punto de vista más amplio aún, que involucra no sólo a la metafísica estrictamente hablando, sino también a la religión, al arte, y otras disciplinas que no necesariamente son consideradas “científicas” estrictamente hablando. Quizás, la diferencia, en este caso, está en agregar una categoría más dentro de la tradicional dicotomía “racionalidad” e “irracionalidad”. Sería importante añadir una categoría que yo llamaría “arracionalidad”. Yo la definiría como algo que no necesariamente es irracional, sino que abarca otros aspectos.
Desde este último punto de vista, y personalmente, me agrada el aspecto de Feyerabend de desmitificar a la ciencia, no la hace elitista. La democratiza.
Platón, en su obra “Teetetes o de la ciencia”, se desarrolla el diálogo entre Sócrates y Teetetes, en la que Sócrates cuestiona a Teetetes su preconcepto sobre lo que él considera ciencia. La noción de Feyerabend de ciencia se contrapone claramente a la noción que describe en este caso Sócrates:
“Teetetes: …la ciencia no se diferencia en nada de la sensación.
Sócrates: Esta definición que das de las ciencias, no es de despreciar; es la misma que ha dado Protágoras, aunque se haya expresado de otra manera. El hombre, dice, es la medida de todas las cosas, de la existencia de las que existen, y de la no existencia de los que no existen.”
Y más adelante, continúa diciendo Sócrates: “La ciencia no reside en las sensaciones sino en el razonamiento sobre las sensaciones, puesto que, según parece, sólo por el racionamiento se puede descubrir la ciencia y la verdad y es imposible conseguirlo por otro rumbo.”
LA NECESIDAD DE UNA COSMOVISION DISTINTA: “TODO SIRVE”
La pregunta que se impone, a mi criterio, es la de saber si ¿Feyerabend surge como producto de la necesidad de una época, o si Feyerabend comienza y genera la evolución a un pensamiento distinto?
A partir de la aparición de Feyerabend y de su pensamiento anarquista, han surgido distintos pensamientos relacionados, por ejemplo en la obra “Rizoma” de Gilles Deleuze y Félix Guattari se menciona en relación al libro que:
“Un libro no tiene objeto ni sujeto, está elaborado de materias distintamente formadas, de fechas y velocidades muy diferentes.” Y que “…el libro no es imagen del mundo, de acuerdo con una arraigada creencia. Hace rizoma con el mundo; hay evolución aparalela del libro y del mundo; el libro asegura la desterritorialización del mundo, pero el mundo opera una reterritorialización del libro que, a su vez, se desterritorializa en sí mismo en el mundo.”
“Resumamos los caracteres principales de un rizoma: a diferencia de los árboles o de sus raíces, el rizoma conecta un punto cualquiera con otro punto cualquiera, y cada uno de sus trazos no remite necesariamente a trazos de la misma naturaleza, pone en juego regímenes de signos muy diferentes e incluso estados de no-signos. El rizoma no se deja reducir ni a lo Uno ni a lo múltiple…”
Este pensamiento “rizomático”, me recuerda en cierta medida a la dialéctica hegeliana. Pareciera ser que en la descripción rizomática de la realidad hay una evolución o un salto sustancial al método de Hegel.
No nos quedamos con una explicación metódica que contrapone tesis y antítesis, sino que el método rizomático señala que no hay método, es la anarquía, es Feyerabend. Por ejemplo, se menciona también que:
“En ningún caso aspiramos al título de una ciencia. No sabemos más de cientificidad que de ideología, sino sólo de composiciones. No hay más que composiciones maquínicas de deseo, así como composiciones colectivas de enunciación.”
“…pero el libro anticultural todavía puede ser atravesado por una cultura demasiado pesada: sin embargo, hará de ella un uso activo de olvido y no de memoria, de subdesarrollo y no de progreso a desarrollar, de nomalismo y no de sedentarismo, de mapa y no de calco.” “…los cuadernos de cultura universitaria o de pseudocientificidad siguen siendo demasiado penosos o pesados…”
Señala Feyerabend en su obra “Tratado contra el método” que “el único principio que no inhibe el progreso es el de “todo sirve”. Este principio general involucra la posibilidad de dejar de lado los principios o reglas impuestos por los científicos y filósofos.
Se libera Feyerabend de un “lastre” importante: la tradición.
EL OLVIDO COMO MOTOR PROPULSOR DEL AVANCE CIENTIFICO
Éstas últimas palabras nos remiten a su vez a un pensador y filósofo cuya influencia fue notable: Friedrich Nietzsche, quien señaló en su obra “Segunda consideración intempestiva” que:
“…Es cierto que la ciencia ha sido impulsada con una rapidez impresionante durante las últimas décadas, pero contemplad a los erudito, contemplad a esas gallinas exhaustas. Estos eruditos distan mucho de ser naturalezas “armónicas”; sólo saben cacarear más que nunca, porque ponen huevos con mayor frecuencia: sin embargo, los huevos se han vuelto cada vez más pequeños (aunque los libros sean cada vez más voluminosos).”
En la obra precedentemente referida, Nietzsche señala que el olvido tiene una función fundamental, y consiste en la valentía de desprenderse de la pesada mochila de la tradición. Para avanzar, es necesario olvidar.
Feyerabend, en concordancia con este pensamiento, dirá que hay argumentaciones que impiden el desarrollo y evolución de la ciencia. Además, indica, los racionalistas más puros se encuentran obligados, en algún momento de su vida, a recurrir a la coerción y a la propaganda para poder convencer a sus contemporáneos sobre la necesidad de aplicar su argumentación.
Sin perjuicio de lo precedentemente expuesto, Feyerabend no pretende sustituir un conjunto de reglas por otro, sino que lo que realmente pretende, es advertir que todo debe ser incluido, ya que cada conjunto de reglas tiene sus propios límites, por más obvios que éstos sean.
Feyerabend, como buen anarquista que es, no pretende tampoco convencer a nadie sobre alguna creencia profunda, sino que simplemente señala que es muy fácil, desde un punto de vista racionalista, convencer a cualquier persona sobre algo. Entonces, lo que él va a señalar, es que cada individuo debe convertirse en un anarquista, para penetrar dentro del mundo racionalista y socavar sus bases.
Obviamente, los racionalistas se indignan ante estas afirmaciones de Feyerabend, y de hecho, se lo acusa de contradictorio, ya que recurre a racionalismo para convencer a sus detractores sobre sus argumentos. Respecto de esto último, señala Feyerabend en su autobiografía:
“…La mayoría de los críticos me acusaban de incoherencia: soy anarquista, decían, pero aun así, argumento. Esta objeción me dejó un tanto atónito. Una persona que se dirige a racionalistas puede argumentar sin duda con ellos. Esto no significa que él crea que los argumentos resuelven un problema, son ellos quienes lo creen. Así pues, si los argumentos son buenos (en sus términos), deben aceptar el resultado. Parecía que los racionalistas consideraban el razonamiento como un ritual sagrado que pierde su poder cuando es utilizado por un no creyente. –Dice A, pero obviamente se opone a A, y, por tanto, es incoherente-, exclamaban los críticos cuando formulaba una premisa que aceptaban para producir un resultado que no aceptaban.”
En cierta manera, aquí hay otra similitud con lo que en algún momento propuesto Nietzsche. Para Feyerabend es necesario combatir la uniformidad, ésta debilita a la ciencia. De la misma manera, Nietzsche sostuvo que es necesario combatir para progresar, para llegar al “super hombre” es necesario hacer la guerra.
EL PODER Y LAS INFLUENCIAS EXTERNAS
Para Michel Foucault el saber está sostenido por el poder. No hay saber sin poder. Esto no quiere decir que el saber es poder. Es más, no tiene sentido incluso preguntarse si una afirmación es verdadera o no, lo importante es que ese saber esté sostenido por el poder. Para que la afirmación sea considerada como verdadera, debe responder al imaginario social de una época histórica, o ser lo suficientemente creativo e innovador como para producir un cambio en ese imaginario social. Pero para que un saber se imponga, debe tener poder, debe estar sustentado por una fuerza.
En este caso Feyerabend, nos va a señalar que científicos como Galileo han recurrido al poder para sostener su teoría. Galileo recurrió a la propaganda y a sus convicciones personales. A la retórica y al poder de convencimiento, más que a pruebas científicas.
Feyerabend es sumamente crítico de la visión que existe de las Revoluciones Científicas que muestra a los científicos como héroes y rigurosos experimentadores. Simplemente, los científicos que han revolucionado la ciencia, han tomado todos los recursos posibles, incluso aquellos que serían catalogados de “metafísicos”.
Claramente, esta concepción de científico de Feyerabend le quita todo tinte de moralidad a los investigadores, en contraposición de lo que pensaba Popper.
Popper desafiaba al científico a poner siempre a prueba sus propias teorías y descubrimientos, el científico debe saber con rigurosidad científica si se encuentra en posesión de la verdad. Esto, para Feyerabend, resulta altamente relativo.
LAS DISCUSIONES CONTEMPORANEAS Y LAS DIFERENCIAS ENTRE LOS PENSADORES
A Popper le preocupó dividir ciencia de los pensamientos que pretenden ser ciencias. Por otra parte, a Lakatos le interesó el criterio de demarcación, pero en el sentido de la afectación que sufre cada ciencia por la presión política. ¿En qué medida se puede pensar a la ciencia como un espacio autónomo? ¿Cómo prevenir que el ámbito político incida sobre aspectos internos de la ciencia?
Para Popper la ciencia comienza con un problema, para Feyerabend no.
Existe una gran distancia entre el empirismo lógico y Lakatos. Lakatos desarrolló lo que él llamaría “Lógica dialéctica para las matemáticas”. A Lakatos no le interesa el empirismo, ya que él es matemático y su programa se centra en esto.
Si la distancia entre el empirismo lógico y Lakatos es enorme, entonces la distancia entre el empirismo lógico y Feyerabend es abismal.
Sin perjuicio de que Feyerabend tuvo una gran amistad con Lakatos, sus pensamientos eran diferentes. Lakatos fue un racionalista y Feyerabend un anarquista. Lakatos quiere desarrollar el pensamiento en forma interna, a diferencia del pensamiento de Kuhn de 1962, tratando de identificar en el cambio científico un patrón racional.
Para Kuhn, en su pensamiento posterior y final en 1969, que se vuelve un poco más racionalista, los problemas son linguisticos. Kuhn se protege de la crítica del irracionalismo y de ser acusado de relativista. En lugar de decir que ontológicamente el cambio de paradigma implica la existencia de otro mundo, dice que “se habla” de otro mundo o paradigma.
Feyerabend no toleró esta “conversión” o “adaptación” de Kuhn, ya que no se atrevió a romper con la tradición.
Desde mi modesto punto de vista, noto un paralelismo en los contemporáneos Lakatos y Feyerabend. En cierta manera, ambos serían los equivalentes a Platón y a Heráclito. Lakatos, es platónico en cuanto a que toma lo que él llamó la Lógica Dialéctica de “La República”. Esta estructura es lógica en cuanto a que existe la figura del maestro que orienta a su discípulo al descubrimiento de la verdad. Feyerabend, por su parte, podría decirse que es “heraclitista” (si es que se me permite inventar un término) respecto de su postura de vida. Feyerabend no tuvo nunca ningún inconveniente en ser racionalista, antiracionalista, relativista, etc. Todo cambia.
RELATIVISMO E INCONMENSURABILIDAD
La inconmensurabilidad es abordado en el año 1962 de dos maneras distintas, para Kuhn es la “no-relación” entre dos paradigmas. En Feyerabend la inconmensurabilidad es algo completamente diferente, está asociado a la idea de heurística (el estilo de Lakatos).
Feyerabend dice que la filosofía de la ciencia ha pecado de un empirismo ingenuo. Se opta por una teoría en virtud de una contrastación empírica. Esto significa que el contenido empírico define la evaluación de las teorías. Feyerabend dice que en realidad a veces la evaluación de teorías se define en relación a la contrastación empírica, pero el problema de la inconmensurabilidad es un problema que se da entre las teorías y no con la contrastación empírica. Aquí hay una similitud importante con Lakatos. La inconmensurabilidad me permite establecer un parámetro, al someter una teoría en contrastación, se pueden observar las distancias entre las teorías, a partir de allí se puede elegir una teoría.
Las teorías son juegos de lenguaje. Es necesario elegir en algunas situaciones entre dos o más teorías. Por lo tanto, propone el recurso de la inconmensurabilidad. Es un recurso intersubjetivo, no depende de las personas. La inconmensurabilidad es una herramienta que permite evaluar con que teorías se queda uno en virtud de los puntos de no contacto que tenga una teoría respecto a otra. Se elige desde un punto negativo.
Feyerabend además dice que el científico no elige la teoría en una relación aislada, necesita una suerte de compulsa o retórica. La evaluación en el científico comienza con la retórica. La ciencia es un mito, no es real. El científico necesita un argumento para convencer a otro sobre algo. No es algo racional. Si convenzo a otros, por ejemplo, accedo a una plataforma de publicaciones. Aquí es cuando Feyerabend aborda el aspecto subjetivo de las investigaciones científicas.
¿Cuál será el criterio para elegir entre dos teorías? Bueno… aquí es donde también interviene el aspecto subjetivo de cada persona. Por aseveraciones de este tipo, es que Feyerabend es catalogado de relativista. Si bien las críticas realizadas a su “Tratado contra el método” lo sumieron en una profunda depresión, posteriormente, a Feyerabend no le importó demasiado ser catalogado de relativista. Incluso, en su autobiografía, menciona que muchas veces se lo acusaba de decir “A”, cuando él en realidad nunca había dicho “A”. Sin perjuicio de ello, y en atención a la acusación, se proponía defender “A”, a pesar de nunca haberlo dicho. Además, señaló que su obra no son las Sagradas Escrituras, y por ello, no es una obra inmaculada. En este sentido, el libro de Feyerabend es un collage, según el mismo menciona. No pretende dar explicaciones universales y valederas para todos. Simplemente, es una propuesta y un análisis crítico respecto de la herencia filosófica tradicional.
Podemos volver nuevamente al concepto de “libro” que se menciona en “Rizoma”. El libro no es algo estanco, es algo dinámico.
ALGUNAS NOTAS A MODO DE CONCLUSION Y OPINION PERSONAL
Feyerabend sostiene que la ciencia no es racional. El método, es simplemente una construcción. Cada vez que alguien enfatiza que una ciencia es algo racional, se reproduce un mito, y el mito no se debe reproducir porque no existe. No hay que entender a la ciencia desde el método, sino desde el anarquismo metodológico. El anarquismo es la ausencia de reglas, en este caso, Feyerabend no dice que es la ausencia completa de normas, la única norma que tiene el anarquismo es el “vale todo”. El científico no opera como un sujeto procedimental que adhiere a reglas, el científico opera como un oportunista inescrupuloso, un pragmático.
Feyerabend menciona como ejemplo los Discursos de Galileo. Galileo toma todos los argumentos para convencer que no sirve la física aristotélica. En este caso se vale de todo Galileo, incluso intentar ridiculizar a “Simplicio”.
El “vale todo” es un rasgo de la ciencia en general, sea medieval o contemporánea. Así es como se comportan los humanos. La ciencia es mundana y está en pie de igualdad con todo, no hay diferencia entre un científico y un cura que intenta convencer a sus fieles en una iglesia.
“Vale todo” significa que vale la retórica, los datos, todo. Es así que la ciencia es entendida como un mito racional, ese es el gran problema que tiene la sociedad. Los mitos actuales son el marxismo, el capitalismo, la física cuántica, etc. si la filosofía puede aportar en algo, debe hacer una actividad crítica. El enfoque debe ser más naturalista, más cercano a la práctica.
La indignación de Feyerabend respecto de Kuhn, es que éste último sigue reproduciendo el mito cuando postula la idea de “ciencia normal”. Para Feyerabend la visión kuhneana de la ciencia garantiza que no haya libertad, se vuelve a racionalizar la ciencia y se subordina al científico como esclavo. Se lo restringe en su manera de actuar y de pensar.
Es fácil criticar a Feyerabend, es difícil deshacerse de la pesada mochila que por siglos ha llevado la humanidad. Pero el aspecto positivo de este pensador, es el de atreverse a criticar y analizar. Si bien no es sistemático, y poco se ha preocupado por serlo, su pensamiento atraviesa a toda una cosmovisión de época.
La crítica es cultural, no es una crítica a la ciencia, sino a la sociedad. Pasamos aquí a una concepción de ciencia como saber común y corriente, equivalente a cualquier otro.
Tanto en el arte como en la ciencia hay expresión subjetiva y no objetiva. La idea de anarquismo metodológico se opone a la metodología, el “vale todo” se opone al monismo clásico. Las teorías se vuelven fuertes en cuanto aparecen otras teorías con las cuales puede dialogar.
La innovación es fuerte, si bien Kuhn abre el juego, se insiste con el marco teórico en el nuevo paradigma, Feyerabend rompe con toda la tradición. Es más rica la teoría, cuando más teorías existan para tratar de explicar lo mismo.
La ciencia no tiene una epistemología, tiene varias. Esto significa desarrollar distintas filosofías. El conocimiento se va fragmentando y atomizando, actualmente se estudia por ejemplo: la filosofía de la mente, la filosofía de la matemática, la filosofía de la física quántica, etc. la filosofía ya no analiza hectáreas del conocimiento, sino regiones muy particulares y puntuales.
La filosofía no es libre, hay que hacerla libre, se necesita de un régimen democrático genuino. Se necesita de un Estado que no dicte los objetivos de la ciencia moderna.
Personalmente, y como ya lo he mencionado anteriormente, me agrada el aspecto de Feyerabend de intentar mundanizar a la ciencia, la hace más humana. La ciencia no es “el saber” por excelencia. Es un aspecto más, de tantos que hacen a la vida humana, por lo tanto, ese saber debe estar al servicio del hombre.
La ciencia debe favorecer al desarrollo de la esencia humana. Son muchos los problemas que aquejan al hombre, más allá de lo físico. La angustia, la crisis existencial, el dolor, la pena, en fin… problemas plenamente humanos. Estos problemas pueden ser agravados por la despersonalización del hombre, la masificación, la tecnificación… o bien pueden ser abordados en forma correcta para aliviar los dilemas existenciales humanos.
Si bien en la actualidad existe una compleja realidad social, la tecnología debe estar al servicio del ser humano, y no el ser humano al servicio de la tecnología. Deben ser herramientas que favorezcan el desarrollo de las potencialidades humanas.
Para muchos, el sentimiento desagradable de la pérdida del hombre en la maraña tecnológica es algo que ya ha sucedido.
BIBLIOGRAFIA
“SEGUNDA CONSIDERACION INTEMPESTIVA”, Friedrich NietzscheLibros del Zorzal, 2006, Buenos Aires, Argentina.
“RIZOMA”, Gilles Deleuze – Félix Guattari, Ediciones Coyoacán, 2001, México.
“LA CIENCIA Y EL IMAGINARIO SOCIAL”, Esther Díaz (editora), Editorial Biblos, 1998, Buenos Aires, Argentina.
“MATANDO EL TIEMPO”, Paul Feyerabend, Edit. Tecnos, 1986, Madrid.
“¿QUÉ ES ESA COSA LLAMADA CIENCIA?”, de Alan F. Chalmers.
“TRATADO CONTRA EL MÉTODO”, Paul Feyerabend, Debate Edición, 1995.
Apuntes.
Según Feyerabend, la ciencia no presenta una estructura. Los científicos, al tratar de desarrollar un problema, pueden utilizar tanto un sistema como otro. Es indistinto un procedimiento u otro.
Novedosamente, Feyerabend se arriesga a afirmar que la ciencia se encuentra mucho más cerca de las artes y de las ciencias humanísticas de lo que se afirma en las teorías tradicionales del conocimiento. Por supuesto, esta última afirmación fue catalogada por lo menos de “aventurada”.
Tanto los problemas como los resultados, serán analizados políticamente. Menciona Feyerabend que en una democracia, por ejemplo, los resultados científicos serán evaluados por consejos de ciudadanos debidamente elegidos: no son así, los expertos, sino los comités democráticos quienes se constituyen en autoridad definitiva para todas las cuestiones de tipo científico.
No es “la verdad” quien decide, sino las opiniones de dicho comité. Dice Chalmers en “La teoría anarquista del conocimiento de Feyerabend” que para Feyerabend “la ciencia no es necesariamente superior a otros campos”.
¿Es esto acaso un regreso al temido ámbito de la metafísica que despreciaba el positivismo lógico? Quizás es un punto de vista más amplio aún, que involucra no sólo a la metafísica estrictamente hablando, sino también a la religión, al arte, y otras disciplinas que no necesariamente son consideradas “científicas” estrictamente hablando. Quizás, la diferencia, en este caso, está en agregar una categoría más dentro de la tradicional dicotomía “racionalidad” e “irracionalidad”. Sería importante añadir una categoría que yo llamaría “arracionalidad”. Yo la definiría como algo que no necesariamente es irracional, sino que abarca otros aspectos.
Desde este último punto de vista, y personalmente, me agrada el aspecto de Feyerabend de desmitificar a la ciencia, no la hace elitista. La democratiza.
Platón, en su obra “Teetetes o de la ciencia”, se desarrolla el diálogo entre Sócrates y Teetetes, en la que Sócrates cuestiona a Teetetes su preconcepto sobre lo que él considera ciencia. La noción de Feyerabend de ciencia se contrapone claramente a la noción que describe en este caso Sócrates:
“Teetetes: …la ciencia no se diferencia en nada de la sensación.
Sócrates: Esta definición que das de las ciencias, no es de despreciar; es la misma que ha dado Protágoras, aunque se haya expresado de otra manera. El hombre, dice, es la medida de todas las cosas, de la existencia de las que existen, y de la no existencia de los que no existen.”
Y más adelante, continúa diciendo Sócrates: “La ciencia no reside en las sensaciones sino en el razonamiento sobre las sensaciones, puesto que, según parece, sólo por el racionamiento se puede descubrir la ciencia y la verdad y es imposible conseguirlo por otro rumbo.”
LA NECESIDAD DE UNA COSMOVISION DISTINTA: “TODO SIRVE”
La pregunta que se impone, a mi criterio, es la de saber si ¿Feyerabend surge como producto de la necesidad de una época, o si Feyerabend comienza y genera la evolución a un pensamiento distinto?
A partir de la aparición de Feyerabend y de su pensamiento anarquista, han surgido distintos pensamientos relacionados, por ejemplo en la obra “Rizoma” de Gilles Deleuze y Félix Guattari se menciona en relación al libro que:
“Un libro no tiene objeto ni sujeto, está elaborado de materias distintamente formadas, de fechas y velocidades muy diferentes.” Y que “…el libro no es imagen del mundo, de acuerdo con una arraigada creencia. Hace rizoma con el mundo; hay evolución aparalela del libro y del mundo; el libro asegura la desterritorialización del mundo, pero el mundo opera una reterritorialización del libro que, a su vez, se desterritorializa en sí mismo en el mundo.”
“Resumamos los caracteres principales de un rizoma: a diferencia de los árboles o de sus raíces, el rizoma conecta un punto cualquiera con otro punto cualquiera, y cada uno de sus trazos no remite necesariamente a trazos de la misma naturaleza, pone en juego regímenes de signos muy diferentes e incluso estados de no-signos. El rizoma no se deja reducir ni a lo Uno ni a lo múltiple…”
Este pensamiento “rizomático”, me recuerda en cierta medida a la dialéctica hegeliana. Pareciera ser que en la descripción rizomática de la realidad hay una evolución o un salto sustancial al método de Hegel.
No nos quedamos con una explicación metódica que contrapone tesis y antítesis, sino que el método rizomático señala que no hay método, es la anarquía, es Feyerabend. Por ejemplo, se menciona también que:
“En ningún caso aspiramos al título de una ciencia. No sabemos más de cientificidad que de ideología, sino sólo de composiciones. No hay más que composiciones maquínicas de deseo, así como composiciones colectivas de enunciación.”
“…pero el libro anticultural todavía puede ser atravesado por una cultura demasiado pesada: sin embargo, hará de ella un uso activo de olvido y no de memoria, de subdesarrollo y no de progreso a desarrollar, de nomalismo y no de sedentarismo, de mapa y no de calco.” “…los cuadernos de cultura universitaria o de pseudocientificidad siguen siendo demasiado penosos o pesados…”
Señala Feyerabend en su obra “Tratado contra el método” que “el único principio que no inhibe el progreso es el de “todo sirve”. Este principio general involucra la posibilidad de dejar de lado los principios o reglas impuestos por los científicos y filósofos.
Se libera Feyerabend de un “lastre” importante: la tradición.
EL OLVIDO COMO MOTOR PROPULSOR DEL AVANCE CIENTIFICO
Éstas últimas palabras nos remiten a su vez a un pensador y filósofo cuya influencia fue notable: Friedrich Nietzsche, quien señaló en su obra “Segunda consideración intempestiva” que:
“…Es cierto que la ciencia ha sido impulsada con una rapidez impresionante durante las últimas décadas, pero contemplad a los erudito, contemplad a esas gallinas exhaustas. Estos eruditos distan mucho de ser naturalezas “armónicas”; sólo saben cacarear más que nunca, porque ponen huevos con mayor frecuencia: sin embargo, los huevos se han vuelto cada vez más pequeños (aunque los libros sean cada vez más voluminosos).”
En la obra precedentemente referida, Nietzsche señala que el olvido tiene una función fundamental, y consiste en la valentía de desprenderse de la pesada mochila de la tradición. Para avanzar, es necesario olvidar.
Feyerabend, en concordancia con este pensamiento, dirá que hay argumentaciones que impiden el desarrollo y evolución de la ciencia. Además, indica, los racionalistas más puros se encuentran obligados, en algún momento de su vida, a recurrir a la coerción y a la propaganda para poder convencer a sus contemporáneos sobre la necesidad de aplicar su argumentación.
Sin perjuicio de lo precedentemente expuesto, Feyerabend no pretende sustituir un conjunto de reglas por otro, sino que lo que realmente pretende, es advertir que todo debe ser incluido, ya que cada conjunto de reglas tiene sus propios límites, por más obvios que éstos sean.
Feyerabend, como buen anarquista que es, no pretende tampoco convencer a nadie sobre alguna creencia profunda, sino que simplemente señala que es muy fácil, desde un punto de vista racionalista, convencer a cualquier persona sobre algo. Entonces, lo que él va a señalar, es que cada individuo debe convertirse en un anarquista, para penetrar dentro del mundo racionalista y socavar sus bases.
Obviamente, los racionalistas se indignan ante estas afirmaciones de Feyerabend, y de hecho, se lo acusa de contradictorio, ya que recurre a racionalismo para convencer a sus detractores sobre sus argumentos. Respecto de esto último, señala Feyerabend en su autobiografía:
“…La mayoría de los críticos me acusaban de incoherencia: soy anarquista, decían, pero aun así, argumento. Esta objeción me dejó un tanto atónito. Una persona que se dirige a racionalistas puede argumentar sin duda con ellos. Esto no significa que él crea que los argumentos resuelven un problema, son ellos quienes lo creen. Así pues, si los argumentos son buenos (en sus términos), deben aceptar el resultado. Parecía que los racionalistas consideraban el razonamiento como un ritual sagrado que pierde su poder cuando es utilizado por un no creyente. –Dice A, pero obviamente se opone a A, y, por tanto, es incoherente-, exclamaban los críticos cuando formulaba una premisa que aceptaban para producir un resultado que no aceptaban.”
En cierta manera, aquí hay otra similitud con lo que en algún momento propuesto Nietzsche. Para Feyerabend es necesario combatir la uniformidad, ésta debilita a la ciencia. De la misma manera, Nietzsche sostuvo que es necesario combatir para progresar, para llegar al “super hombre” es necesario hacer la guerra.
EL PODER Y LAS INFLUENCIAS EXTERNAS
Para Michel Foucault el saber está sostenido por el poder. No hay saber sin poder. Esto no quiere decir que el saber es poder. Es más, no tiene sentido incluso preguntarse si una afirmación es verdadera o no, lo importante es que ese saber esté sostenido por el poder. Para que la afirmación sea considerada como verdadera, debe responder al imaginario social de una época histórica, o ser lo suficientemente creativo e innovador como para producir un cambio en ese imaginario social. Pero para que un saber se imponga, debe tener poder, debe estar sustentado por una fuerza.
En este caso Feyerabend, nos va a señalar que científicos como Galileo han recurrido al poder para sostener su teoría. Galileo recurrió a la propaganda y a sus convicciones personales. A la retórica y al poder de convencimiento, más que a pruebas científicas.
Feyerabend es sumamente crítico de la visión que existe de las Revoluciones Científicas que muestra a los científicos como héroes y rigurosos experimentadores. Simplemente, los científicos que han revolucionado la ciencia, han tomado todos los recursos posibles, incluso aquellos que serían catalogados de “metafísicos”.
Claramente, esta concepción de científico de Feyerabend le quita todo tinte de moralidad a los investigadores, en contraposición de lo que pensaba Popper.
Popper desafiaba al científico a poner siempre a prueba sus propias teorías y descubrimientos, el científico debe saber con rigurosidad científica si se encuentra en posesión de la verdad. Esto, para Feyerabend, resulta altamente relativo.
LAS DISCUSIONES CONTEMPORANEAS Y LAS DIFERENCIAS ENTRE LOS PENSADORES
A Popper le preocupó dividir ciencia de los pensamientos que pretenden ser ciencias. Por otra parte, a Lakatos le interesó el criterio de demarcación, pero en el sentido de la afectación que sufre cada ciencia por la presión política. ¿En qué medida se puede pensar a la ciencia como un espacio autónomo? ¿Cómo prevenir que el ámbito político incida sobre aspectos internos de la ciencia?
Para Popper la ciencia comienza con un problema, para Feyerabend no.
Existe una gran distancia entre el empirismo lógico y Lakatos. Lakatos desarrolló lo que él llamaría “Lógica dialéctica para las matemáticas”. A Lakatos no le interesa el empirismo, ya que él es matemático y su programa se centra en esto.
Si la distancia entre el empirismo lógico y Lakatos es enorme, entonces la distancia entre el empirismo lógico y Feyerabend es abismal.
Sin perjuicio de que Feyerabend tuvo una gran amistad con Lakatos, sus pensamientos eran diferentes. Lakatos fue un racionalista y Feyerabend un anarquista. Lakatos quiere desarrollar el pensamiento en forma interna, a diferencia del pensamiento de Kuhn de 1962, tratando de identificar en el cambio científico un patrón racional.
Para Kuhn, en su pensamiento posterior y final en 1969, que se vuelve un poco más racionalista, los problemas son linguisticos. Kuhn se protege de la crítica del irracionalismo y de ser acusado de relativista. En lugar de decir que ontológicamente el cambio de paradigma implica la existencia de otro mundo, dice que “se habla” de otro mundo o paradigma.
Feyerabend no toleró esta “conversión” o “adaptación” de Kuhn, ya que no se atrevió a romper con la tradición.
Desde mi modesto punto de vista, noto un paralelismo en los contemporáneos Lakatos y Feyerabend. En cierta manera, ambos serían los equivalentes a Platón y a Heráclito. Lakatos, es platónico en cuanto a que toma lo que él llamó la Lógica Dialéctica de “La República”. Esta estructura es lógica en cuanto a que existe la figura del maestro que orienta a su discípulo al descubrimiento de la verdad. Feyerabend, por su parte, podría decirse que es “heraclitista” (si es que se me permite inventar un término) respecto de su postura de vida. Feyerabend no tuvo nunca ningún inconveniente en ser racionalista, antiracionalista, relativista, etc. Todo cambia.
RELATIVISMO E INCONMENSURABILIDAD
La inconmensurabilidad es abordado en el año 1962 de dos maneras distintas, para Kuhn es la “no-relación” entre dos paradigmas. En Feyerabend la inconmensurabilidad es algo completamente diferente, está asociado a la idea de heurística (el estilo de Lakatos).
Feyerabend dice que la filosofía de la ciencia ha pecado de un empirismo ingenuo. Se opta por una teoría en virtud de una contrastación empírica. Esto significa que el contenido empírico define la evaluación de las teorías. Feyerabend dice que en realidad a veces la evaluación de teorías se define en relación a la contrastación empírica, pero el problema de la inconmensurabilidad es un problema que se da entre las teorías y no con la contrastación empírica. Aquí hay una similitud importante con Lakatos. La inconmensurabilidad me permite establecer un parámetro, al someter una teoría en contrastación, se pueden observar las distancias entre las teorías, a partir de allí se puede elegir una teoría.
Las teorías son juegos de lenguaje. Es necesario elegir en algunas situaciones entre dos o más teorías. Por lo tanto, propone el recurso de la inconmensurabilidad. Es un recurso intersubjetivo, no depende de las personas. La inconmensurabilidad es una herramienta que permite evaluar con que teorías se queda uno en virtud de los puntos de no contacto que tenga una teoría respecto a otra. Se elige desde un punto negativo.
Feyerabend además dice que el científico no elige la teoría en una relación aislada, necesita una suerte de compulsa o retórica. La evaluación en el científico comienza con la retórica. La ciencia es un mito, no es real. El científico necesita un argumento para convencer a otro sobre algo. No es algo racional. Si convenzo a otros, por ejemplo, accedo a una plataforma de publicaciones. Aquí es cuando Feyerabend aborda el aspecto subjetivo de las investigaciones científicas.
¿Cuál será el criterio para elegir entre dos teorías? Bueno… aquí es donde también interviene el aspecto subjetivo de cada persona. Por aseveraciones de este tipo, es que Feyerabend es catalogado de relativista. Si bien las críticas realizadas a su “Tratado contra el método” lo sumieron en una profunda depresión, posteriormente, a Feyerabend no le importó demasiado ser catalogado de relativista. Incluso, en su autobiografía, menciona que muchas veces se lo acusaba de decir “A”, cuando él en realidad nunca había dicho “A”. Sin perjuicio de ello, y en atención a la acusación, se proponía defender “A”, a pesar de nunca haberlo dicho. Además, señaló que su obra no son las Sagradas Escrituras, y por ello, no es una obra inmaculada. En este sentido, el libro de Feyerabend es un collage, según el mismo menciona. No pretende dar explicaciones universales y valederas para todos. Simplemente, es una propuesta y un análisis crítico respecto de la herencia filosófica tradicional.
Podemos volver nuevamente al concepto de “libro” que se menciona en “Rizoma”. El libro no es algo estanco, es algo dinámico.
ALGUNAS NOTAS A MODO DE CONCLUSION Y OPINION PERSONAL
Feyerabend sostiene que la ciencia no es racional. El método, es simplemente una construcción. Cada vez que alguien enfatiza que una ciencia es algo racional, se reproduce un mito, y el mito no se debe reproducir porque no existe. No hay que entender a la ciencia desde el método, sino desde el anarquismo metodológico. El anarquismo es la ausencia de reglas, en este caso, Feyerabend no dice que es la ausencia completa de normas, la única norma que tiene el anarquismo es el “vale todo”. El científico no opera como un sujeto procedimental que adhiere a reglas, el científico opera como un oportunista inescrupuloso, un pragmático.
Feyerabend menciona como ejemplo los Discursos de Galileo. Galileo toma todos los argumentos para convencer que no sirve la física aristotélica. En este caso se vale de todo Galileo, incluso intentar ridiculizar a “Simplicio”.
El “vale todo” es un rasgo de la ciencia en general, sea medieval o contemporánea. Así es como se comportan los humanos. La ciencia es mundana y está en pie de igualdad con todo, no hay diferencia entre un científico y un cura que intenta convencer a sus fieles en una iglesia.
“Vale todo” significa que vale la retórica, los datos, todo. Es así que la ciencia es entendida como un mito racional, ese es el gran problema que tiene la sociedad. Los mitos actuales son el marxismo, el capitalismo, la física cuántica, etc. si la filosofía puede aportar en algo, debe hacer una actividad crítica. El enfoque debe ser más naturalista, más cercano a la práctica.
La indignación de Feyerabend respecto de Kuhn, es que éste último sigue reproduciendo el mito cuando postula la idea de “ciencia normal”. Para Feyerabend la visión kuhneana de la ciencia garantiza que no haya libertad, se vuelve a racionalizar la ciencia y se subordina al científico como esclavo. Se lo restringe en su manera de actuar y de pensar.
Es fácil criticar a Feyerabend, es difícil deshacerse de la pesada mochila que por siglos ha llevado la humanidad. Pero el aspecto positivo de este pensador, es el de atreverse a criticar y analizar. Si bien no es sistemático, y poco se ha preocupado por serlo, su pensamiento atraviesa a toda una cosmovisión de época.
La crítica es cultural, no es una crítica a la ciencia, sino a la sociedad. Pasamos aquí a una concepción de ciencia como saber común y corriente, equivalente a cualquier otro.
Tanto en el arte como en la ciencia hay expresión subjetiva y no objetiva. La idea de anarquismo metodológico se opone a la metodología, el “vale todo” se opone al monismo clásico. Las teorías se vuelven fuertes en cuanto aparecen otras teorías con las cuales puede dialogar.
La innovación es fuerte, si bien Kuhn abre el juego, se insiste con el marco teórico en el nuevo paradigma, Feyerabend rompe con toda la tradición. Es más rica la teoría, cuando más teorías existan para tratar de explicar lo mismo.
La ciencia no tiene una epistemología, tiene varias. Esto significa desarrollar distintas filosofías. El conocimiento se va fragmentando y atomizando, actualmente se estudia por ejemplo: la filosofía de la mente, la filosofía de la matemática, la filosofía de la física quántica, etc. la filosofía ya no analiza hectáreas del conocimiento, sino regiones muy particulares y puntuales.
La filosofía no es libre, hay que hacerla libre, se necesita de un régimen democrático genuino. Se necesita de un Estado que no dicte los objetivos de la ciencia moderna.
Personalmente, y como ya lo he mencionado anteriormente, me agrada el aspecto de Feyerabend de intentar mundanizar a la ciencia, la hace más humana. La ciencia no es “el saber” por excelencia. Es un aspecto más, de tantos que hacen a la vida humana, por lo tanto, ese saber debe estar al servicio del hombre.
La ciencia debe favorecer al desarrollo de la esencia humana. Son muchos los problemas que aquejan al hombre, más allá de lo físico. La angustia, la crisis existencial, el dolor, la pena, en fin… problemas plenamente humanos. Estos problemas pueden ser agravados por la despersonalización del hombre, la masificación, la tecnificación… o bien pueden ser abordados en forma correcta para aliviar los dilemas existenciales humanos.
Si bien en la actualidad existe una compleja realidad social, la tecnología debe estar al servicio del ser humano, y no el ser humano al servicio de la tecnología. Deben ser herramientas que favorezcan el desarrollo de las potencialidades humanas.
Para muchos, el sentimiento desagradable de la pérdida del hombre en la maraña tecnológica es algo que ya ha sucedido.
BIBLIOGRAFIA
“SEGUNDA CONSIDERACION INTEMPESTIVA”, Friedrich NietzscheLibros del Zorzal, 2006, Buenos Aires, Argentina.
“RIZOMA”, Gilles Deleuze – Félix Guattari, Ediciones Coyoacán, 2001, México.
“LA CIENCIA Y EL IMAGINARIO SOCIAL”, Esther Díaz (editora), Editorial Biblos, 1998, Buenos Aires, Argentina.
“MATANDO EL TIEMPO”, Paul Feyerabend, Edit. Tecnos, 1986, Madrid.
“¿QUÉ ES ESA COSA LLAMADA CIENCIA?”, de Alan F. Chalmers.
“TRATADO CONTRA EL MÉTODO”, Paul Feyerabend, Debate Edición, 1995.
Apuntes.
miércoles, 3 de agosto de 2011
EL ORIGEN DEL HOMBRE Y LA ESENCIA DEL HOMBRE
Orígen del hombre
Aclaraciones previas
El nacimiento del hombre, desde el punto de vista histórico, y su evolución, no sólo es un problema científico, sino que además, es un problema filosófico importantísimo.
Thomas Morgan (1866-1945), es precursor de la Teoría Sintética, que aparece entre los años 1937 y 1945. Éste científico pretendió unificar teorías tales como la Ortogeneticista, el Lamarckismo, la Darwinista y la Mutacionista, recién aparecida.
Previo a Morgan, Mendel allá por el año 1900 descubrió que los hijos de una especie no son una “mezcla” de los padres, sino una recombinación de los genes de los padres. Al momento de heredar genes, el sorteo es el mismo. No importa si un gen es dominante sobre otro.
Morgan descubre que no siempre se cumple con las leyes de Mendel y que las variaciones mutacionales, son en realidad errores de imprenta del código genético. Es un gen fallado, como por ejemplo el que origina la hemofilia.
Todo esto introduce un factor de “azar” importantísimo en el mundo.
Como ya reseñara previamente, el problema entre corrientes como el Darwinismo y el Mutacionismo fue también filosófico. Luego de que cayera el catastrofismo y apareciera Darwin, hablar de “saltos de la evolución” es sospechoso. Para hablar de evolución, Darwin prefería hablar de cambios lentos en la naturaleza, ya que el “salto” en la naturaleza se asemeja bastante a la idea de “milagro”. Por ello, los científicos eran reacios a hablar de esos saltos cualitativos en la evolución, repentinos y rápidos.
Actualmente se ha comprobado que las mutaciones y los “saltos” existen, y muchos. Se abre así el camino a mediados del siglo XX a la Teoría Sintética, que unifica al Darwinismo y al Mutacionismo, como así también otras ramas de la biología que se encontraban separadas.
La Teoría Sintética también es una revolución científica, ya que posibilitó la unificación de dos posturas que parecían irreconciliables. Lo discreto se unificó con lo continuo.
El nacimiento del hombre
La hominización explica el proceso de evolución biológica de la especie humana desde sus ancestros hasta el estado actual. Los paleontólogos actuales aún no se han puesto de acuerdo sobre cómo se desarrolló éste fenómeno.
Existen distintas teorías, religiosas como las que señalan que el hombres y su aparición es un acontecimiento divido y la expresión más perfecta de la vida. Por otra partes existen posturas científicas, de corte nétamente materialista. En éste caso el hombre no es más que un resultado provisional del mecanismo de la evolución. Se inscribiría lógicamente en la línea de una continuidad respecto de los seres vivos que lo han precedido. Constituiría, el elemento más complejo, pero no dejaría de ser más que un momento en la evolución, ya que no sería la fase última. La mejor versión del hombre aún estaría por ocurrir.
Pero según señala Robert Clarke en su obre “EL NACIMIENTO DEL HOMBRE” (Colección Plural, Ciencia Abierta, Edición Juan Granica S.A. 1983), “La mayor parte de los especialistas, admiten, sin embargo, que la evolución del hombre difiere considerablemente de la de los demás seres vivos. Nuestra evolución biológica se ha visto acompañada y, en opinión de algunos, prácticamente reemplazada por una evolución cultural y social. Desde el momento en que el hombre ha terminado por eludir, en parte, a las leyes naturales (evolucionando no sólo en su aspecto corporal, sino, sobre todo, en el cultural), se ha convertido en un “fenómeno”…”
Adán y Eva
Según el autor precedentemente mencionado, existen diversas hipótesis a los fines de explicar cómo se desarrolló el proceso evolutivo que llega hasta nosotros. Uno de éstos pensamientos, reactualiza la historia de Adán, por ejemplo: algunos biólogos han relacionado el cambio de postura a un accidente genético y, más concretamente, a una modificación brusca a nivel de los cromosomas. Ese accidente habría hecho pasar, por ejemplo, el número de cromosomas de 48 (como en el caso del mono) a los 46 que tiene el hombre.
Si esta modificación capital se produjo bruscamente en un solo individuo, éste la pudo transmitir a la mitad de sus descendientes. Ese sería “Adan”. Como que los homínidos tenían una vida más corta que la nuestra, por lo que, seguramente, tenían relaciones sexuales entre los miembros de una misma familia, esta “anomalía” habría tenido oportunidad de extenderse rápidamente.
Los hombres descenderían, pues, de una única pareja, de modo que Adán y Eva habrían existido realmente. Pero esta teoría está lejos de ser compartida por todos los investigadores…
Para la mayoría de los genetistas, la evolución que condujo al hombre siguió las pautas comunes de los demás seres vivos. Todo se desarrolla en función de dos tipos de fenómenos: el primero de estos tipos hace referencia a las variaciones brutales, accidentales, de los caracteres de una especie: es lo que se denominan “mutaciones”. En seguida interviene la “selección natural”, que hace sobrevivir, de manera preferente a los “mutantes” mejor adaptados al medio. En esto consiste, esencialmente, la teoría clásica de la evolución. Pero no podemos evitar sentirnos incómodos por lo que se refiere a su aplicación al hombre.
Los biólogos refieren que las mutaciones, esas variaciones bruscas de los caracteres genéticos de un ser, ocurren por azar. De hecho, no son más que errores en la transmisión, de padres a hijos, de uno u otro carácter. Además, los biólogos añaden que esas mutaciones, por regla general, son contraproducentes. Dan lugar a la aparición de caracteres inútiles (léase: mortales). Con frecuencia, los “mutantes” son monstruos. En conclusión: son muy raras las mutaciones que, entre los millones de ellas que se producen, se revelan como beneficiosas para la especie; son aquellas que aportan al “mutante” alguna ventaja, dentro del marco de medio ambiente dado, una mejor posibilidad de supervivencia.
Un ejemplo reciente sirve para ilustrar este hecho. En Inglaterra vivían, hace tiempo y sin que se vieran perturbadas, ciertas mariposas, generalmente blancas. Hasta que la industria hizo su aparición y ennegreció los muros encalados, en los que las mariposas tenían por costumbre posarse. Inmediatamente se convirtieron en presa fácil de sus enemigos, que, sobre las paredes sucias, las divisaban con toda facilidad. Tan sólo algunas “mutantes” grises pasaron desapercibidas, la población de mariposas pasó a ser gris; hasta el momento (reciente) en que la lucha contra la polución tiende a devolver la blancura a los muros.
De hecho, la selección natural no es tan sólo un tamiz que eliminaría las mutaciones perjudiciales, protegiendo tan sólo a las beneficiosas. A largo plazo, la selección natural integra las mutaciones, las organiza en conjuntos coherentes, en respuesta al desafío del medio. Y esto, a lo largo de una historia que se prolonga durante varios millones de años, de millones de generaciones. Es la selección natural la que orienta el azar. Eso es lo que explica cómo se han podido crear, poco a poco, estructuras cada vez más complejas e incluso organismos y especies nuevas. Por medio de estas recombinaciones, la selección natural innova.
El azar
Para Francois Jacob, el fenómeno precedentemente expuesto no significa en absoluto que la evolución se comporte como el ingeniero que sigue un plan preestablecido. Se asemejaría, más bien, a una especie de bricolaje que permitiría a la naturaleza utilizar, un poco al azar, lo que tenía más a mano.
Lo menos que se puede decir al respecto es que la teoría de la evolución, planteada de este modo, nos deja un sabor a insatisfacción, en lo que concierne al hombre. Es duro para el orgullo y la estima propia imaginar que somos la consecuencia de una acumulación de accidentes, hechos a partir de diferentes elementos, tomados al azar, de los distintos seres que nos han precedido...
Y esa insatisfacción aumenta aún más, debido a que en el mecanismo de la evolución las cosas no están tan claras. Existen “fósiles vivientes”, como el celacanto o ciertos crustáceos, que no han variado en las últimas decenas de millones de años. Y, sin embargo, también ellos hubiesen debido sufrir mutaciones, al tener que soportar las presiones de un entorno que se ha modificado, a lo largo de un lapso prolongado. También se han descubierto recientemente en la provincia de San Juan, República Argentina, uno de estos “fósiles vivientes”.
El hombre sería una consecuencia de millares de mutaciones durante muchísimo tiempo, para P.P. Grassé, la evolución humana se produjo a un ritmo demasiado rápido para que las mutaciones positivas (extremadamente raras) tuviesen tiempo de producirse. El mutacionismo –concluirá- topa aquí con una imposibilidad: debe renunciar a explicar lo que lo sobrepasa.
A pesar de ello, los biólogos se mantienen firmes: es el azar lo que ha hecho a los seres vivos. Pero, ¿qué encubre el concepto de azar? ¿No será, tal vez, que denominamos “azar” algo que no somos capaces de explicar ni calcular?
Resulta asimismo inquietante constatar que las mutaciones que se han logrado reproducir, con ayuda de potentes radiaciones o de productos químicos, nos permitan crear razas nuevas. Ya se ha hecho con insectos. Se podría hacer también con ganado vacuno, aunque resulta más fácil proceder por medio de la selección artificial, apareando aquellos individuos que presentan, de modo acentuado, el carácter que se pretende desarrollar. Pero, interviniendo de este modo, nunca se ha logrado crear una especie nueva. Así que el hombre pertenece a una especie distinta que los demás primates.
Éstas son algunas de las argumentaciones esgrimidas por los que creen que el hombre es el resultado de una forma de evolución distinta a la de los demás seres vivos. Que no se trata tan sólo de un simple fenómeno biológico. Que el hecho de ser un individuo, sociable e inteligente, capaz de adquirir especialmente una “cultura”, que ha llegado a inhibir sus instintos, ha hecho del hombre un animal aparte. Incluso en lo referente a su evolución.
Esencia del hombre
La herramienta y la inteligencia
La utilización de utensilios demuestra en el hombre una diferencia sustancial y cualitativa respecto del resto de los seres vivientes. Hay en el tema del hombre tantos problemas filosóficos, que no es posible siquiera enumerarlos todos. De ahí que nuestra meditación haya de limitarse forzosamente sólo a algunos. Con los grandes pensadores del pasado y de nuestro propio tiempo, vamos sobre todo a hacernos esta pregunta: ¿qué es el hombre?
Según J. M. Bochenski el hombre es un animal raro. Es un animal porque es una especie dentro del género animal (incluso los animales tienen sentimientos). Presenta todas las características del animal: se nutre, tiene órganos sensibles, crece, se mueve, tiene instintos, etc. Sin embargo, es raro porque tiene muchas características que, o no las hayamos en absoluto en los otros animales, o sólo quedan en huellas insignificantes.
Bochenski menciona algunas de las cualidades del hombre, tales como:
1)Técnica: El hombre se sirve de instrumentos producidos por él mismo. A diferencia de un mono, por ejemplo, el hombre realiza la producción con miras a un fin.
2)Tradición: Es un ser social porque aprende a partir del lenguaje y la comunicación. Conocemos ciertamente otros animales sociales, como las termitas y las hormigas, quienes poseen una maravillosa organización social. Pero el hombre es social de otro modo. Forma, en efecto, la sociedad por tradición, justamente porque tiene un lenguaje que no posee ningún otro animal.
3)Progreso: No sólo aprende individualmente, sino socialmente, y es inventivo. El hombre es progresivo. A menudo se producen grandes innovaciones dentro de una misma generación. Biológicamente, casi no nos diferenciamos de los antiguos griegos, pero sabemos incomparablemente más que ellos.
4)Pensamiento distinto: El hombres es capaz de abstracción, no piensa únicamente en lo particular y concreto; puede pensar universalmente. Por ejemplo: la ciencia, las matemáticas.
5)Reflexión: Esta cualidad le da una independencia sobre las leyes biológicas del mundo animal. Piensa en sí mismo con clara conciencia. Por ejemplo: es conciente de que va a morir y es capaz de tener una fe religiosa. Esta independencia va más lejos, el hombre tiene clara conciencia de ser libre. El hombre puede pensar en sí mismo, se preocupa por sí mismo, se pregunta por el sentido de su propia vida.
Si se atienden todas estas particularidades del hombre, no puede sorprendernos que Platón, fundador de nuestra filosofía occidental, llegara a la conclusión de que el hombre es algo distinto de toda la naturaleza.
El alma
Según mi modesto punto de vista, la pregunta que se impone a la luz de las investigaciones filosóficas y científicas es: ¿Hay en el hombre algo esencialmente distinto respecto de los demás animales?
Para muchos filósofos lo que hace al hombre es la “psiqué”, el alma, el espíritu. Es una faceta del hombre que está en el mundo, pero no pertenece al mundo. El materialismo más riguroso niega que haya en el hombre algo más que cuerpo y movimientos mecánicos de lo corporal.
Por otra parte el materialismo moderado sostiene que existe cierta conciencia, pero ésta es función del cuerpo.
Luego, tenemos una tercera teoría, más cercana al pensamiento de Aristóteles y acompañada por algunas investigaciones científicas, quien sostuvo que el hombre es un todo, y este todo tiene diversas funciones: puramente físicas, vegetativas, animales y espirituales. Funciones todas, no del cuerpo, sino del hombre, del todo.
Desde el punto de vista paleontológico, el homínido se distanció decisivamente del mundo animal, fundamentalmente por la reflexión, acaso inconsciente, pero cierta. Esta reflexión dio al homínido una fuerza nueva para sobrevivir y dominar el mundo exterior. Para destacarse y diferenciarse. Es lo que se denomina tomar consciencia de sí mismo...
El hombre se diferencia de la naturaleza que obliga a los animales actuar como animales, el hombre escapa a su determinismo genético, si la especie humana es un logro destacado en el plano biológico, no hay duda de que ello se debe a que su cultura ha evolucionado a un ritmo más rápido que su material genético.
La evolución cultural, ¿es una prolongación más de la adaptación y la evolución biológica material? ¿o es acaso el desarrollo natural de las potencialidades del alma humana, si es que ésta existe?
Reflexiones finales
¿Cuáles son los conceptos a debatir?
Una pregunta interesante a debatir sobre el orígen del hombre, desde el punto de vista biológico y filosófico es el tema del “azar”. El hombre es limitado en su inteligencia, quizás el azar no es más que una forma de expresar aquello que no podemos entender. Quizás sea una cuestión ininteligible en sí misma.
En este sentido, el Papa Benedicto XVI ha señalado que considerar al hombre y su razón un producto casual de la evolución es irracional.
Los avances científicos son notables, e incluso atemorizantes en algunos aspectos, sin embargo, pareciera ser que las preguntas más profundas y trascendentales aún quedan pendientes de contestación. ¿Estámos acaso como al principio?
Si bien se ha descubierto, entre otras cosas, la clave genética, esto aún no alcanza para explicar la biodiversidad existente en el mundo.
Como diría un reconocido filósofo griego: “Sólo se que no se nada”.
Facundo A. Barrio Martín
Bibliografía:
“El nacimiento del hombre” de Robert Clarke, Colección Plural, Ciencia Abierta, Edición Juan Granica S.A. 1983.
“Introducción al pensamiento filosófico” de Bochenski, J. M. Barcelona, Herder,1971.
Aclaraciones previas
El nacimiento del hombre, desde el punto de vista histórico, y su evolución, no sólo es un problema científico, sino que además, es un problema filosófico importantísimo.
Thomas Morgan (1866-1945), es precursor de la Teoría Sintética, que aparece entre los años 1937 y 1945. Éste científico pretendió unificar teorías tales como la Ortogeneticista, el Lamarckismo, la Darwinista y la Mutacionista, recién aparecida.
Previo a Morgan, Mendel allá por el año 1900 descubrió que los hijos de una especie no son una “mezcla” de los padres, sino una recombinación de los genes de los padres. Al momento de heredar genes, el sorteo es el mismo. No importa si un gen es dominante sobre otro.
Morgan descubre que no siempre se cumple con las leyes de Mendel y que las variaciones mutacionales, son en realidad errores de imprenta del código genético. Es un gen fallado, como por ejemplo el que origina la hemofilia.
Todo esto introduce un factor de “azar” importantísimo en el mundo.
Como ya reseñara previamente, el problema entre corrientes como el Darwinismo y el Mutacionismo fue también filosófico. Luego de que cayera el catastrofismo y apareciera Darwin, hablar de “saltos de la evolución” es sospechoso. Para hablar de evolución, Darwin prefería hablar de cambios lentos en la naturaleza, ya que el “salto” en la naturaleza se asemeja bastante a la idea de “milagro”. Por ello, los científicos eran reacios a hablar de esos saltos cualitativos en la evolución, repentinos y rápidos.
Actualmente se ha comprobado que las mutaciones y los “saltos” existen, y muchos. Se abre así el camino a mediados del siglo XX a la Teoría Sintética, que unifica al Darwinismo y al Mutacionismo, como así también otras ramas de la biología que se encontraban separadas.
La Teoría Sintética también es una revolución científica, ya que posibilitó la unificación de dos posturas que parecían irreconciliables. Lo discreto se unificó con lo continuo.
El nacimiento del hombre
La hominización explica el proceso de evolución biológica de la especie humana desde sus ancestros hasta el estado actual. Los paleontólogos actuales aún no se han puesto de acuerdo sobre cómo se desarrolló éste fenómeno.
Existen distintas teorías, religiosas como las que señalan que el hombres y su aparición es un acontecimiento divido y la expresión más perfecta de la vida. Por otra partes existen posturas científicas, de corte nétamente materialista. En éste caso el hombre no es más que un resultado provisional del mecanismo de la evolución. Se inscribiría lógicamente en la línea de una continuidad respecto de los seres vivos que lo han precedido. Constituiría, el elemento más complejo, pero no dejaría de ser más que un momento en la evolución, ya que no sería la fase última. La mejor versión del hombre aún estaría por ocurrir.
Pero según señala Robert Clarke en su obre “EL NACIMIENTO DEL HOMBRE” (Colección Plural, Ciencia Abierta, Edición Juan Granica S.A. 1983), “La mayor parte de los especialistas, admiten, sin embargo, que la evolución del hombre difiere considerablemente de la de los demás seres vivos. Nuestra evolución biológica se ha visto acompañada y, en opinión de algunos, prácticamente reemplazada por una evolución cultural y social. Desde el momento en que el hombre ha terminado por eludir, en parte, a las leyes naturales (evolucionando no sólo en su aspecto corporal, sino, sobre todo, en el cultural), se ha convertido en un “fenómeno”…”
Adán y Eva
Según el autor precedentemente mencionado, existen diversas hipótesis a los fines de explicar cómo se desarrolló el proceso evolutivo que llega hasta nosotros. Uno de éstos pensamientos, reactualiza la historia de Adán, por ejemplo: algunos biólogos han relacionado el cambio de postura a un accidente genético y, más concretamente, a una modificación brusca a nivel de los cromosomas. Ese accidente habría hecho pasar, por ejemplo, el número de cromosomas de 48 (como en el caso del mono) a los 46 que tiene el hombre.
Si esta modificación capital se produjo bruscamente en un solo individuo, éste la pudo transmitir a la mitad de sus descendientes. Ese sería “Adan”. Como que los homínidos tenían una vida más corta que la nuestra, por lo que, seguramente, tenían relaciones sexuales entre los miembros de una misma familia, esta “anomalía” habría tenido oportunidad de extenderse rápidamente.
Los hombres descenderían, pues, de una única pareja, de modo que Adán y Eva habrían existido realmente. Pero esta teoría está lejos de ser compartida por todos los investigadores…
Para la mayoría de los genetistas, la evolución que condujo al hombre siguió las pautas comunes de los demás seres vivos. Todo se desarrolla en función de dos tipos de fenómenos: el primero de estos tipos hace referencia a las variaciones brutales, accidentales, de los caracteres de una especie: es lo que se denominan “mutaciones”. En seguida interviene la “selección natural”, que hace sobrevivir, de manera preferente a los “mutantes” mejor adaptados al medio. En esto consiste, esencialmente, la teoría clásica de la evolución. Pero no podemos evitar sentirnos incómodos por lo que se refiere a su aplicación al hombre.
Los biólogos refieren que las mutaciones, esas variaciones bruscas de los caracteres genéticos de un ser, ocurren por azar. De hecho, no son más que errores en la transmisión, de padres a hijos, de uno u otro carácter. Además, los biólogos añaden que esas mutaciones, por regla general, son contraproducentes. Dan lugar a la aparición de caracteres inútiles (léase: mortales). Con frecuencia, los “mutantes” son monstruos. En conclusión: son muy raras las mutaciones que, entre los millones de ellas que se producen, se revelan como beneficiosas para la especie; son aquellas que aportan al “mutante” alguna ventaja, dentro del marco de medio ambiente dado, una mejor posibilidad de supervivencia.
Un ejemplo reciente sirve para ilustrar este hecho. En Inglaterra vivían, hace tiempo y sin que se vieran perturbadas, ciertas mariposas, generalmente blancas. Hasta que la industria hizo su aparición y ennegreció los muros encalados, en los que las mariposas tenían por costumbre posarse. Inmediatamente se convirtieron en presa fácil de sus enemigos, que, sobre las paredes sucias, las divisaban con toda facilidad. Tan sólo algunas “mutantes” grises pasaron desapercibidas, la población de mariposas pasó a ser gris; hasta el momento (reciente) en que la lucha contra la polución tiende a devolver la blancura a los muros.
De hecho, la selección natural no es tan sólo un tamiz que eliminaría las mutaciones perjudiciales, protegiendo tan sólo a las beneficiosas. A largo plazo, la selección natural integra las mutaciones, las organiza en conjuntos coherentes, en respuesta al desafío del medio. Y esto, a lo largo de una historia que se prolonga durante varios millones de años, de millones de generaciones. Es la selección natural la que orienta el azar. Eso es lo que explica cómo se han podido crear, poco a poco, estructuras cada vez más complejas e incluso organismos y especies nuevas. Por medio de estas recombinaciones, la selección natural innova.
El azar
Para Francois Jacob, el fenómeno precedentemente expuesto no significa en absoluto que la evolución se comporte como el ingeniero que sigue un plan preestablecido. Se asemejaría, más bien, a una especie de bricolaje que permitiría a la naturaleza utilizar, un poco al azar, lo que tenía más a mano.
Lo menos que se puede decir al respecto es que la teoría de la evolución, planteada de este modo, nos deja un sabor a insatisfacción, en lo que concierne al hombre. Es duro para el orgullo y la estima propia imaginar que somos la consecuencia de una acumulación de accidentes, hechos a partir de diferentes elementos, tomados al azar, de los distintos seres que nos han precedido...
Y esa insatisfacción aumenta aún más, debido a que en el mecanismo de la evolución las cosas no están tan claras. Existen “fósiles vivientes”, como el celacanto o ciertos crustáceos, que no han variado en las últimas decenas de millones de años. Y, sin embargo, también ellos hubiesen debido sufrir mutaciones, al tener que soportar las presiones de un entorno que se ha modificado, a lo largo de un lapso prolongado. También se han descubierto recientemente en la provincia de San Juan, República Argentina, uno de estos “fósiles vivientes”.
El hombre sería una consecuencia de millares de mutaciones durante muchísimo tiempo, para P.P. Grassé, la evolución humana se produjo a un ritmo demasiado rápido para que las mutaciones positivas (extremadamente raras) tuviesen tiempo de producirse. El mutacionismo –concluirá- topa aquí con una imposibilidad: debe renunciar a explicar lo que lo sobrepasa.
A pesar de ello, los biólogos se mantienen firmes: es el azar lo que ha hecho a los seres vivos. Pero, ¿qué encubre el concepto de azar? ¿No será, tal vez, que denominamos “azar” algo que no somos capaces de explicar ni calcular?
Resulta asimismo inquietante constatar que las mutaciones que se han logrado reproducir, con ayuda de potentes radiaciones o de productos químicos, nos permitan crear razas nuevas. Ya se ha hecho con insectos. Se podría hacer también con ganado vacuno, aunque resulta más fácil proceder por medio de la selección artificial, apareando aquellos individuos que presentan, de modo acentuado, el carácter que se pretende desarrollar. Pero, interviniendo de este modo, nunca se ha logrado crear una especie nueva. Así que el hombre pertenece a una especie distinta que los demás primates.
Éstas son algunas de las argumentaciones esgrimidas por los que creen que el hombre es el resultado de una forma de evolución distinta a la de los demás seres vivos. Que no se trata tan sólo de un simple fenómeno biológico. Que el hecho de ser un individuo, sociable e inteligente, capaz de adquirir especialmente una “cultura”, que ha llegado a inhibir sus instintos, ha hecho del hombre un animal aparte. Incluso en lo referente a su evolución.
Esencia del hombre
La herramienta y la inteligencia
La utilización de utensilios demuestra en el hombre una diferencia sustancial y cualitativa respecto del resto de los seres vivientes. Hay en el tema del hombre tantos problemas filosóficos, que no es posible siquiera enumerarlos todos. De ahí que nuestra meditación haya de limitarse forzosamente sólo a algunos. Con los grandes pensadores del pasado y de nuestro propio tiempo, vamos sobre todo a hacernos esta pregunta: ¿qué es el hombre?
Según J. M. Bochenski el hombre es un animal raro. Es un animal porque es una especie dentro del género animal (incluso los animales tienen sentimientos). Presenta todas las características del animal: se nutre, tiene órganos sensibles, crece, se mueve, tiene instintos, etc. Sin embargo, es raro porque tiene muchas características que, o no las hayamos en absoluto en los otros animales, o sólo quedan en huellas insignificantes.
Bochenski menciona algunas de las cualidades del hombre, tales como:
1)Técnica: El hombre se sirve de instrumentos producidos por él mismo. A diferencia de un mono, por ejemplo, el hombre realiza la producción con miras a un fin.
2)Tradición: Es un ser social porque aprende a partir del lenguaje y la comunicación. Conocemos ciertamente otros animales sociales, como las termitas y las hormigas, quienes poseen una maravillosa organización social. Pero el hombre es social de otro modo. Forma, en efecto, la sociedad por tradición, justamente porque tiene un lenguaje que no posee ningún otro animal.
3)Progreso: No sólo aprende individualmente, sino socialmente, y es inventivo. El hombre es progresivo. A menudo se producen grandes innovaciones dentro de una misma generación. Biológicamente, casi no nos diferenciamos de los antiguos griegos, pero sabemos incomparablemente más que ellos.
4)Pensamiento distinto: El hombres es capaz de abstracción, no piensa únicamente en lo particular y concreto; puede pensar universalmente. Por ejemplo: la ciencia, las matemáticas.
5)Reflexión: Esta cualidad le da una independencia sobre las leyes biológicas del mundo animal. Piensa en sí mismo con clara conciencia. Por ejemplo: es conciente de que va a morir y es capaz de tener una fe religiosa. Esta independencia va más lejos, el hombre tiene clara conciencia de ser libre. El hombre puede pensar en sí mismo, se preocupa por sí mismo, se pregunta por el sentido de su propia vida.
Si se atienden todas estas particularidades del hombre, no puede sorprendernos que Platón, fundador de nuestra filosofía occidental, llegara a la conclusión de que el hombre es algo distinto de toda la naturaleza.
El alma
Según mi modesto punto de vista, la pregunta que se impone a la luz de las investigaciones filosóficas y científicas es: ¿Hay en el hombre algo esencialmente distinto respecto de los demás animales?
Para muchos filósofos lo que hace al hombre es la “psiqué”, el alma, el espíritu. Es una faceta del hombre que está en el mundo, pero no pertenece al mundo. El materialismo más riguroso niega que haya en el hombre algo más que cuerpo y movimientos mecánicos de lo corporal.
Por otra parte el materialismo moderado sostiene que existe cierta conciencia, pero ésta es función del cuerpo.
Luego, tenemos una tercera teoría, más cercana al pensamiento de Aristóteles y acompañada por algunas investigaciones científicas, quien sostuvo que el hombre es un todo, y este todo tiene diversas funciones: puramente físicas, vegetativas, animales y espirituales. Funciones todas, no del cuerpo, sino del hombre, del todo.
Desde el punto de vista paleontológico, el homínido se distanció decisivamente del mundo animal, fundamentalmente por la reflexión, acaso inconsciente, pero cierta. Esta reflexión dio al homínido una fuerza nueva para sobrevivir y dominar el mundo exterior. Para destacarse y diferenciarse. Es lo que se denomina tomar consciencia de sí mismo...
El hombre se diferencia de la naturaleza que obliga a los animales actuar como animales, el hombre escapa a su determinismo genético, si la especie humana es un logro destacado en el plano biológico, no hay duda de que ello se debe a que su cultura ha evolucionado a un ritmo más rápido que su material genético.
La evolución cultural, ¿es una prolongación más de la adaptación y la evolución biológica material? ¿o es acaso el desarrollo natural de las potencialidades del alma humana, si es que ésta existe?
Reflexiones finales
¿Cuáles son los conceptos a debatir?
Una pregunta interesante a debatir sobre el orígen del hombre, desde el punto de vista biológico y filosófico es el tema del “azar”. El hombre es limitado en su inteligencia, quizás el azar no es más que una forma de expresar aquello que no podemos entender. Quizás sea una cuestión ininteligible en sí misma.
En este sentido, el Papa Benedicto XVI ha señalado que considerar al hombre y su razón un producto casual de la evolución es irracional.
Los avances científicos son notables, e incluso atemorizantes en algunos aspectos, sin embargo, pareciera ser que las preguntas más profundas y trascendentales aún quedan pendientes de contestación. ¿Estámos acaso como al principio?
Si bien se ha descubierto, entre otras cosas, la clave genética, esto aún no alcanza para explicar la biodiversidad existente en el mundo.
Como diría un reconocido filósofo griego: “Sólo se que no se nada”.
Facundo A. Barrio Martín
Bibliografía:
“El nacimiento del hombre” de Robert Clarke, Colección Plural, Ciencia Abierta, Edición Juan Granica S.A. 1983.
“Introducción al pensamiento filosófico” de Bochenski, J. M. Barcelona, Herder,1971.
jueves, 21 de julio de 2011
Desarrollo del papel de la experiencia y del experimento en la historia de la ciencia moderna

Desarrollo del papel de la experiencia y del experimento en la historia de la ciencia moderna
I)Introducción
Si bien el surgimiento de la ciencia moderna data del siglo XVII, pero con antecedentes en el siglo XVI, la discusión sobre si el espíritu humano es capaz de alcanzar la verdad o si tiene certezas legítimas es de muchos siglos previos.
La epistemología estudia el problema del conocimiento, las posiciones que se han adoptado en el curso de la historia sobre esta temática son múltiples y difíciles de clasificar. Sin perjuicio de ello, me adentraré en este trabajo a analizar las posiciones divergentes entre empiristas y racionalistas, principales defensores del método inductivo y deductivo, respectivamente. Posteriormente, continuaré analizando el papel del experimento para el surgimiento de la ciencia moderna.
En primer lugar, cabe mencionar que tanto el empirismo como el racionalismo sostienen que sí se puede conseguir la verdad, a diferencia de los escépticos, quienes detienen el juicio y suspenden la crítica.
Dentro de las posturas que sostienen que podemos conocer la verdad, identificaremos una bifurcación, según el método con el cual podemos conocer. ¿Cuál es el medio o facultad por el cual llegamos a la verdad? El empirismo sostiene que la experiencia es la única fuente de conocimiento, mientras que el racionalismo considera que el sujeto con su inteligencia es el único que puede captar verdades necesarias y universales.
II)Concepciones previas
Empirismo
No es fácil distinguir el empirismo del escepticismo, pues comparte algunas fronteras. Por ejemplo, el último de los escépticos griegos, Sexto, es empirista. Incluso Hume se declara como escéptico. Y de hecho Kant, declara de Hume que es el “más ingenioso de los escépticos”.
Existen diversas ramificaciones dentro del movimiento empirista, pero el único rasgo común a todas ellas es el hecho de no admitir más que un medio de conocimiento: la experiencia.
La historia se presenta como un largo diálogo, una eterna discusión entre el empirismo y el racionalismo, afirmándose el uno contra el otro, y haciéndose más profundo con la presión del adversario.
Quizás la mayor virtud del empirismo fue encontrar en algunas experiencias un acceso a la metafísica. Progresó de forma tal que amplió sus bases desde la antigüedad hasta la modernidad.
Breve repaso histórico de la evolución del empirismo
En la antigüedad, el empirismo era fundamentalmente “sensualismo”. El pensamiento de Heráclito funda el germen de lo que es el conocimiento a través de los sentidos. Protágoras señaló en su momento que “el hombre es la medida de todas las cosas”, consignando así, que la sensación es relativa a la constitución de nuestros sentidos. Por otra parte, Epicuro fundó la moral del placer, que obviamente es consecuencia de una teoría sensualista del conocimiento. El bien del hombre no es más que lo que los sentidos nos muestran como placentero.
En la edad media, Occam fundó el Nominalismo, señaló que no hay en el espíritu humano conceptos abstractos y universales que representen las esencias, sino solamente términos o palabras, cuyo único sentido consiste en designar unos individuos dados por la experiencia.
El empirismo inglés, presenta una gran homogeneidad y casi no ha variado, los principios críticos son idénticos en todos los pensadores, a saber: Locke, Berkeley, Hume, Bentham, Mill, Spencer. Hume formula definitivamente los argumentos empiristas:
1)No hay en el espíritu humano ideas innatas ni conceptos abstractos.
2)El conocimiento se reduce a impresiones sensibles.
3)Las cualidades sensibles son subjetivas.
4)Las relaciones entre ideas se reducen a asociaciones.
5)Los principios primeros, y en particular el principio de causalidad, son asociaciones de ideas que se han hecho habituales.
6)El conocimiento está limitado a los fenómenos y toda metafísica es imposible.
Con Bergson, el empirismo toma un nuevo impulso, sin dejar de ser fenomenista, desemboca en la metafísica, ya que no niega valor a la inteligencia conceptual, sino que le asigna como función la acción, y como objeto la materia, el espacio y el número. Señala que existe una intuición supra-intelectual que capta al ser y permite solucionar problemas metafísicos.
En la modernidad, y en la línea abierta por Bergson, y en oposición al racionalismo hegeliano, se ha sacado provecho de algunas experiencias a las que se les otorga un valor metafísico. Son experiencias de orden afectivo, considerando al sentimiento como penetrante y lo más revelador. De aquí surge el existencialismo.
Hume
Hume es quien fundamenta las críticas más radicales, sostiene el principio de la “idea de la conexión necesaria”. Reduce las conclusiones a asociaciones que se han hecho habituales entre dos ideas.
El principio de causalidad no es evidente a priori, pues no se reduce al principio de identidad. Hume sostiene que si se afirmara que simplemente algo existe sin causa, no es algo contradictorio. El principio de causalidad no es dado por la experiencia, sólo se perciben dos fenómenos que se suceden. Nada garantiza que las leyes que observamos sean valederas fuera de los límites de nuestra experiencia.
Sin embargo, Hume aún da por evidente el principio de identidad, y como necesarias las ideas que se fundamentan en él.
Empirismo ingles
La visión empirista de la ciencia no es totalitaria ni dogmática. Intenta no saltar a conclusiones totalizantes.
El contexto histórico político se bifurca entre el Leviatán de Hobbes y la democracia de Locke.
Robert Boyle
Tanto Boyle, como Locke y Newton desarrollan desde el punto de vista científico el empirismo, que se opone al racionalismo. Se busca la simplicidad, la intención de explicar con la mínima cantidad de principios posibles.
Robert Boyle es uno de los principales defensores del corpuscularianismo y es fundador de lo que luego sería la química. Para el “corpuscularinismo” no hay vacío, hay materia en todas partes, el aire también es materia.
La mayoría de los trabajos de Boyle son teológicos, es una figura muy religiosa e interesada en la ética. Otra cosa que llama la atención es la enorme cantidad de escritos que realizó, fue una persona muy activa. También se dice que fue tímido y muy religioso, le obsesionó la salvación de su alma. La característica principal de sus trabajos es la experimentación, no le interesa sistematizar estos datos, sólo le interesan los “matters of facts”, los hechos.
Los experimentos de Boyle fueron revolucionarios. La bomba de vacío fue el invento que lo catapultó a la fama, lo solventó de su propio bolsillo, ya que provenía de una familia aristocrática. Es uno de los experimentos centrales de la Revolución Científica.
La obra “Leviatán y la bomba de vacío” de Shapin y Schaeffer considera a la ciencia y a la bomba de vacio como la herramienta que va a dirimir el conflicto entre el absolutismo y la democracia.
Boyle, sin embargo, toma con cautela su experimento de la comprobación de la existencia del vacío.
El mecanicismo no hace un quiebre total con Aristóteles, ya que si bien descarta las causas, toma la causa eficiente y la utiliza en el mismo sentido que le daban en la antigüedad.
Boyle toma el corpuscularianismo porque es la forma que más y mejor explica diversos aspectos de la realidad, pero se considera que él personalmente no tendría inconveniente en creer lo contrario si alguien se lo hubiera demostrado.
Según Shapin, Boyle intenta usar trucos retóricos para convencer sobre la fuerza de la evidencia y de la modestia de la experimentación. Parte de la motivación de Shapin es mostrar que la ciencia también se vale de retórica y de tecnología, que usa para legitimizar su propio conocimiento.
Racionalismo
El racionalismo es la tendencia inversa a la del empirismo. Si bien resulta difícil diferenciar entre escepticismo y empirismo, es muy fácil distinguir entre racionalismo y empirismo. Incluso, en algunos casos, el racionalismo le deja un lugar a la experiencia, pero le niega valor científico.
Breve repaso histórico de la evolución del racionalismo
En la filosofía griega antigua, dos escuelas produjeron movimientos notables, la del Eleatismo y la del Estoicismo. En el primer caso Parménides indica: “el camino de la experiencia sólo conduce al error, sólo la razón conduce al sabio hacia el corazón de la verdad”. En Parménides ya se vislumbra el razonamiento del principio de identidad (el ser es, el no ser, no es). Niega así con audacia el cambio y afirma la inmovilidad y unidad del ser.
Los estoicos reposan en un pensamiento similar, consideran que el sabio se vuelve indiferente a las circunstancias y a los movimientos de la sensibilidad, extirpando así las pasiones. Ello, a los fines de ser feliz. La felicidad reside en la virtud, y la virtud consiste en vivir según la razón. Ésta última, identificada con Dios, pero es un Dios inmanente en el mundo y en el hombre.
En la filosofía moderna, Descartes fue el gran impulsor del racionalismo, la cual ha revestido formas más o menos puras.
Descartes
En Descartes, se expresa principalmente la idea de la matemática universal y la teoría de las ideas innatas. En su obra “Meditaciones Metafísicas”, habla, entre otras cosas, de separar la mente de los sentidos.
Respecto de la matemática, son para Descartes rigurosas y progresivas. Para que el conocimiento sea verdaderamente científico (en cualquier campo), debe desarrollarse a priori, a partir de ideas claras y distintas captadas por intuición, y deducir las verdades por orden, como la serie de teoremas de la geometría.
Las ideas, se reducen básicamente a tres, las adventicias (sensaciones experienciales), las ficticias (imágenes), y finalmente las innatas, que son las únicas que pueden entrar dentro de la ciencia. Las ideas innatas son las únicas claras y distintas, están en el espíritu humano desde el origen, no en acto, sino en potencia, como por ejemplo la generosidad es innata en algunas familias.
El papel de la experiencia se reduce a un índice de existencia a las conclusiones deducidas a priori de los principios, ya que no proporciona ningún objeto a la ciencia.
La idea de la matemática universal pasa a Spinoza y después a Leibniz, quien soñó con un algebra general que construya la ciencia integral por una simple combinación de signos. También utilizó esta idea Wolf, cuya metafísica se desarrolla a priori, sobre el modelo de las matemáticas. Para Leibniz todas las ideas son innatas, incluso las representaciones sensibles, pero el innatismo es solamente virtual, y el espíritu actualiza las ideas que lleva en sí por una espontaneidad que es el fondo de su naturaleza.
Kant
El racionalismo se matiza y profundiza dejando de lado el idealismo que se hallaba estrechamente ligado a él. Radica enteramente en la distinción de materia y forma del conocimiento, pero no al estilo aristotélico. La forma consiste en un cierto número de leyes que dependen de la naturaleza y constitución del sujeto. Es “a priori”, independiente de la experiencia. Tiene distintos niveles y rige la conciencia, ya que no podemos conocer nada sino es por las leyes de nuestro espíritu. La materia configura básicamente el contenido del conocimiento (“a posteriori”). Nos es dada por la experiencia sensible y es tan necesaria como la forma, pues sin ella el pensamiento sería vacío y no tendríamos nada que conocer.
Sucesores de Kant
Los sucesores de Kant no se han contentado con este postulado relativamente moderado. Han llevado al racionalismo al absoluto absorviendo la materia del conocimiento en su forma. Se atribuye únicamente a la razón el conocimiento de la verdad.
Hegel es el racionalismo más puro, construye de un modo puramente a priori, por el juego de la dialéctica, un sistema de ideas que proporciona una explicación integral del mundo.
Fichte, Lachelier y Brunschvicq sostienen que el racionalismo no consiste en construir un sistema, sino en explicar el conocimiento científico por la actividad espontánea de una razón impersonal, inmanente en cada espíritu finito. La experiencia tiene una función: es el choque del propio espíritu contra sí mismo que acusa la recepción de su propia limitación.
El giro epistemológico moderno (s. XVII)
Hay un abismo que se abre entre el sujeto que conoce y el objeto de conocimiento. Antes del siglo XVII el conocimiento se concibe de otra manera: no hay una separación entre la mente y los objetos. Hay muchas teorías distintas, como la de Aristóteles: la forma que percibo es la misma que la forma del objeto (por ej. el color es una propiedad del objeto, en la actualidad no es así). Las teorías antiguas más populares respecto de la óptica era que el ojo emitía una “luz” que permitía ver, o bien que el objeto emitía una imagen de sí misma.
Descartes desarrolla una teoría diferente de la óptica. La misma, abarca un rango de temas: el comportamiento de la luz, cómo se difumina, el estudio de los cristales, los lentes, los rayos, etc. La percepción, es un problema que comparte la óptica y la biología.
Uno de los artefactos que llama la atención en el Renacimiento es la “cámara oscura”, que es un artefacto que consiste en una caja negra, con un pequeño agujero que deja pasar la luz, y en la parte posterior del cubo, se refleja la imagen invertida de lo que ocurre afuera.
Surge el interés por la perspectiva y la óptica, cobrando una importancia central. Otra tecnología estrechamente relacionada es la de los lentes, surgen los telescopios y los microscopios. Descartes diseña un aparato para pulir lentes por ejemplo.
Keppler da el primer paso en la óptica, y concibe al ojo como un receptor, no como un emisor. La cámara oscura sugiere un comportamiento similar al del ojo. El proceso de percepción del ojo se empieza a concebir como un proceso artificial semejante al de la cámara oscura. Esto es fundamental, ya que la mente se empieza a concebir también como una especie de cámara oscura, donde se proyecta la realidad.
Surge la figura del artista racional, los juegos se convierten en experimentos científicos serios.
La mente no tiene acceso al mundo, pero sí tiene acceso a representaciones del mundo, a imágenes. Las ideas se convierten en imágenes. ¿Cuál es la relación entre las imágenes y el mundo? ¿Cómo podemos saber que las mismas son imágenes fidedignas? Por ejemplo: un círculo visto de costado es un óvalo. La representación en perspectiva cambia la forma de pensamiento. La idea de tres dimensiones en la óptica de Descartes aparece por comparaciones. Son conceptos que se van relacionando, y allí se va construyendo una imagen del mundo.
Siguiendo la psicología medieval, una de las novedades que se introduce, es el de las facultades mentales: el sentido común, la imaginación, la memoria, etc. La mente tiene diferentes compartimientos. Descartes localiza en la imaginación el lugar donde hacemos una compilación o síntesis de todo lo que percibimos.
Si bien Descartes mecaniza todo el cuerpo humano y sus reacciones, abre un espacio a la individualidad en los cuerpos.
El quiebre radica en esto, la relación entre sujeto y objeto se quiebra, sólo tenemos impresiones, representaciones fenoménicas.
Los empiristas posteriores no toman en serio la fisiología cartesiana, sin embargo sí se apoyan en algunas concepciones esbozadas por Descartes.
III)Debate
Inducción
En el empirismo las impresiones y las ideas se diferencian sólo por su intensidad, siendo la impresión más intensa que la idea. El punto de partida es siempre la experiencia, por ejemplo: no podemos conocer la idea de “puente”, sólo podemos conocer puentes particulares, con sus propias características cada uno de ellos. Entonces, el concepto de “puente” no es más que una colección constante de ideas simples contiguas (piedra, madera, marrón, etc.).
Para que una idea sea válida, es decir que tenga valor de conocimiento, es preciso que represente exactamente una impresión. Si la impresión falta, la idea no es objetiva, sino producto de la imaginación.
Señala Hume que si a una idea no podemos asignarle una impresión, entonces la misma es sospechada de carecer de sentido. Para el empirista la creencia, la imaginación, las pasiones, hacen del conocimiento una asociación de ideas espontáneas. Además, las asociaciones varían de persona a persona, según la propia subjetividad de cada una.
La inducción en su uso tradicional tiene una acepción definida en la tradición aristotélica y en la de los filósofos inductivistas, como Stuart Mill. Básicamente, el razonamiento inductivo es la de dar un paso de lo particular a lo general.
La inducción ha suscitado polémicas, entre los epistemólogos, hay algunos que se oponen a ésta lógica, como Karl Popper, y otros que intentan fundamentarla, como Rudolf Carnap.
La Revolución Científica y el papel del experimento
Los siglos XVI y XVII son el foco del surgimiento de la ciencia moderna, es cuando se produce la revolución científica y es uno de los acontecimientos más importantes de la historia humana por el impacto que ha tenido.
La revolución científica obedeció a un complejo sistema de causas. En aquella época hubo un conflicto entre diferentes ideas acerca de la realidad y de la estructura y funcionamiento del mundo.
Hubieron conflictos feroces en el s. XVII, principalmente acerca de la concepción del mundo (ontología), del conocimiento del mundo (epistemología), sobre cómo se obtiene el conocimiento del mundo, como adquirir y como reconocer que algo es un conocimiento (metodología). Sin embargo, estos conflictos interrelacionados no eran nuevos, lo que estaba en conflicto en su mayoría, provenía de mucho antes, de la antigüedad griega. Otras, aparecieron en la edad media y en el renacimiento.
Dentro de las ciencias de la naturaleza, Kuhn hace una distinción entre las ciencias clásicas o matemáticas y las ciencias baconianas o experimentales. Ciencias clásicas, según Kuhn son aquellas que, en el siglo XVIII ya tenían una larga tradición y que desde la antigüedad eran cultivadas por especialistas: la astronomía, la estática, la óptica, armonía y matemática.
En relación a este conjunto de ciencias, Kuhn refiere que:
1)Tanto en la antigüedad como durante la Revolución Científica, los practicantes de estas ciencias clásicas realizaron, con pocas y notables excepciones, pocos experimentos y observaciones minuciosas.
2)Las transformaciones radicales que caracterizaron la Revolución Científica se dieron precisamente en estas ciencias clásicas que durante los siglos XVI y XVII “fueron reconstruidas desde sus cimientos”, pero los otros ámbitos de las ciencias naturales, las ciencias baconianas, no experimentaron transformaciones semejantes.
Según Antonio Beltrán, las ciencias “baconianas”, no sólo no tenían una larga tradición, sino que incluso a principios del siglo XVII prácticamente no existían como tales ciencias y no aportaron otra cosa que inventarios de efectos experimentales desconocidos hasta entonces. En definitiva, las ciencias baconianas era un cúmulo de experimentos que aspiraba a organizarse en ciencia.
Por otra parte, Koyré señala que la verdadera Revolución Científica se dio, pero en el marco de las ciencias clásicas. Kuhn insiste en que en la Revolución Científica la filosofía empirista no era ninguna novedad; y si bien se produjo un aumento importante en la experimentación, lo más decisivo son las diferencias en cuanto a las maneras de experimentar.
Personalmente, coincido con ésta última perspectiva, ya que Aristóteles en su obra “Metafísica” señala por ejemplo que: “…Mientras los animales viven con el auxilio de imágenes y recuerdos, participando escasamente de la experiencia, el género humano se vale de la técnica y del raciocinio, más en los hombres la experiencia nace del recuerdo. Muchos recuerdos referentes a una misma cosa dan por resultado una experiencia. Y pareciera que la experiencia es casi semejante a la ciencia y a la técnica, empero, ciencia y técnica arriban a los hombres a partir de la experiencia…” Continúa Aristóteles refiriendo que: “…Nace la técnica cuando, de un cúmulo de nociones empíricas se elabora un único juicio universal válido para todos los casos semejantes…” Y finaliza advirtiendo que: “…Los empíricos saben que una cosa es, pero ignoran el porqué; los técnicos, en cambio, conocen el porqué y la causa…”
En este sentido, y desde mi humilde punto de vista, creo que le asiste la razón a Kuhn cuando indica que el empirismo no es, en general, una novedad.
Según Beltrán, lo que diferenció a la tradición antigua de la moderna, es el papel del experimento. En las ciencias clásicas el experimento podía tener la función de confirmar una predicción teórica, o bien de responder a preguntas planteadas por la teoría. En las ciencias baconianas, los experimentos no tienen la función de fortalecer teoría alguna, ni ejemplifican ninguna ley.
Koyré
Para Koyré la Revolución Científica es la transformación de las ciencias clásicas. No acepta la existencia de las ciencias baconianas. Señala Beltrán que historiográficamente la concepción de Koyré es errónea.
Koyré cree firmemente en que la ciencia, es al igual que en la época de los griegos, esencialmente “theoria”. Es decir, hay una continuidad con el pensamiento de la Antigüedad griega.
En este punto debo detenerme, para recordar que para Aristóteles la sabiduría es la ciencia teórica suprema, y señala en la “Metafísica” que: “…hay una gradación en los saberes: el empírico es más sabio que el sensitivo, el técnico más que el empírico, el maestro de obras más que el obrero, y las técnicas cognoscitivas (entre las cuales se encuentra la sabiduría) proporcionan más saber que las productivas…”
Beltrán sostiene, que el status gnoseológico de la labor experimental que critica Koyré no era puesto en duda ni por un momento en su contexto histórico.
Coincido con la postura que señala que Koyré erra en cuanto a subestimar esta forma de conocimiento, ya que fue una práctica admitida e incluso fomentada.
IV)Conclusión
Hay en el empirismo una verdad importante: el espíritu humano no tiene ideas innatas y la experiencia le es indispensable. Sin embargo, en su forma más pura y extrema, tiene el defecto de privar al hombre de inteligencia y razón, limitando el conocimiento de los objetos concretos que nos da la experiencia. Es un hecho que el hombre es capaz de pensar las ciencias abstractas de lo sensible, de comprender qué son las cosas que ve. El gran defecto empirista es convertir al conocimiento del hombre en una recepción pasiva de impresiones, negándole espontaneidad al sujeto.
El empirismo no puede evitar emplear la inteligencia si quiere afirmarse como verdad universal, de la misma forma, el racionalismo no puede justificarse sin recurrir a la experiencia. Ambas posiciones son igualmente insostenibles en sus versiones extremas.
¿Cómo sabemos que la experiencia nos entrega solamente hechos particulares y contingentes y no nos da esencias universales ni de relación necesaria? Por la experiencia misma. La base del racionalismo es, pues, una verdad de experiencia.
La Verdad
Existen distintas concepciones acerca de lo que la verdad es, para el idealismo kantiano la verdad está concebida como una relación inmanente al espíritu, para algunos sociólogos es la creencia colectiva, para el pragmatismo es verdadero aquello que favorece a la acción, en fin… la variedad es muy importante.
En el caso de la ciencia, también se superponen conceptos tales como “verdad” y “validez”, que configuran nociones distintas, pero no necesariamente indisociables ni excluyentes.
Las ciencias fácticas
Aristóteles no pretendía que se llegue a las verdades únicamente por medio de los axiomas, de hecho él hizo muchas observaciones, pero ¿cómo se llega a los axiomas de una ciencia empírica? Se llega por inducción.
La deducción va de lo general a lo general, o a lo particular, de lo universal a otras proposiciones universales o a proposiciones particulares. Por ejemplo: “Todos los hombres son mortales, Sócrates es hombre, por lo tanto Sócrates es mortal.” Esta es una deducción. Es segura, porque si las premisas son verdaderas y razono correctamente, la conclusión no puede ser falsa.
La inducción va de lo particular a lo general, a lo universal. Yo observo que un objeto A tiene la propiedad P, observo que un objeto B también tiene la propiedad P, entonces puedo llegar a la conclusión de que todos los objetos de este tipo tendrán la propiedad P; hay un salto inductivo entre la premisa y la conclusión. Es un salto que hace que la conclusión no sea segura. En este caso puede aparecer en algún momento un objeto que no tenga la propiedad P. La conclusión conlleva un riesgo, pero decía Bacon, es la única forma de avanzar en el conocimiento, hay que tomar ese riesgo. Ya sabíamos que Sócrates es mortal, no nos agrega nada nuevo la deducción, es segura, pero al precio de no arriesgar. Bacon decía que se necesita un método que permita agregar conocimiento, el riesgo inductivo.
Si bien la inducción ha sido muy discutida, Popper por ejemplo niega totalmente la utilidad de la inducción, otros, en cambio, la aprecian muchísimo.
La abducción es un nuevo método, hay un salto como en la inducción, pero es un salto a lo inobservable. En todos los campos existe la abducción, por ejemplo cuando Freud habla del inconsciente. Sólo se observan los efectos.
Bacon sostenía que Aristóteles no observaba y que los medievales no experimentaban, esto no es correcto, sin embargo, involucró un nuevo elemento a la discusión desarrollando el Nuevo experimentalismo.
La Revolución Científica se basó en las ciencias matemáticas, lo que Kuhn llama ciencias clásicas, porque ya venían de los griegos. Hubo una revolución en la astronomía, pero las ciencias en sí mismas, ya venían de antes. La óptica, la hidrostática, la música (armonía), la matemática pura (geometría), todas eran ciencias matemáticas, clásicas. Posteriormente se mecaniza la matemática. Pero, los experimentos estaban al servicio de las teorías. Siempre estaba vinculado el experimento, para refutar o confirmar una teoría.
Sin perjuicio de ello, surge una nueva forma de experimentar, desligada de la teoría, experimentar para “ver qué pasa”. Se empezó a someter a la naturaleza a condiciones no observadas para ver cómo se comportaría, sin tener ninguna idea previa, sin haber hecho ninguna hipótesis, este es el Nuevo Experimentalismo predicado por Bacon.
Los nuevos experimentalistas incluso hablaban despectivamente de quienes formaban teorías previas, fomentaban la escritura y descripción de todas las experimentaciones. Fueron acompañados por los nuevos instrumentos (termómetros, bombas de aire, detectores de carga eléctrica, etc.).
Como ya he señalado previamente, Koyré descarta todo esto, para él, esto no es ciencia. Subestima y menosprecia la experimentación efectuada en dichos términos.
Kuhn, por el contrario, dice que esto es fundamental para la ciencia. Tal fue así, que dio lugar a campos científicos nuevos como el estudio del magnetismo, la electricidad, la química, etc. que eran disciplinas puramente empíricas, no tenían teorías. Tuvieron teoría mucho más tarde, recién en el siglo XVIII. Por ello, es más que relevante afirmar que el Nuevo experimentalismo fue un actor nuevo y fundamental para el desarrollo de la ciencia moderna. El rol de la experimentación mutó, y con él, la forma de concebir las ciencias.
Resumen
(200 palabras)
El papel de la experiencia a lo largo de la historia de la ciencia es una historia compleja. ¿Es posible que el hombre llegue al descubrimiento de verdades legítimas?
El empirismo no admite más que un medio de conocimiento: la experiencia. Entre otros, Boyle y Newton desarrollan desde el punto de vista científico, el empirismo.
El giro epistemológico moderno consiste en un quiebre entre la relación entre sujeto y objeto.
Los siglos XVI y XVII son el foco del surgimiento de la ciencia moderna con la Revolución Científica, Kuhn sostiene que en la misma, la filosofía empirista no fue ninguna novedad; y si bien aumentó la experimentación, lo decisivo son las diferencias en cuanto a las maneras de experimentar.
Bacon involucró un nuevo elemento a la discusión: el Nuevo Experimentalismo. Koyré lo descarta, para él eso no es ciencia. Pero Kuhn, por el contrario, dice que esto es fundamental para la ciencia, dio lugar a nuevos campos científicos: el magnetismo, la electricidad, la química, etc. eran disciplinas puramente empíricas. Tuvieron teorías recién en el siglo XVIII. Por ello, es más que relevante afirmar que el Nuevo experimentalismo fue un actor nuevo y fundamental para el desarrollo de la ciencia moderna.
Palabras clave: experimento – empirismo – inducción - Revolución Científica - racionalismo
Abstract
The paper of the experience along the history of the science is a complex history. Is it possible that the man comes to the discovery of legitimate truths?
The empiricism does not admit any more than a way of knowledge: the experience. Between others, Boyle and Newton develop from the scientific point of view, the empiricism.
The way of knowing has suffered an important change: the relation between subject and object had changed.
The XVIth and XVIIth centuries are the area of the emergence of the modern science with the Scientific Revolution, Kuhn holds that in the same one, the empiricism philosophy was not an innovation; and though it increased the experimentation. The big difference was the ways of experimenting.
Bacon involved a new element to the discussion: the New way to experiment. Koyré rejects it, for him it is not a science. Kuhn, in the other hand, says that this is fundamental for the science, it gave place to new scientific fields: the magnetism, the electricity, the chemistry, etc. They were purely empirical disciplines. They had theories newly in the 18th century. For it, it is more than relevant to affirm that the New way to experiment was a new and fundamental actor for the development of the modern science.
Keywords: experiment - empiricism - induction - Scientific Revolution - rationalism
Indice
Pág. N° 1 I) INTRODUCCION. II) CONCEPCIONES PREVIAS. Empirismo.
Pág. N° 2 Breve repaso histórico de la evolución del empirismo.Hume.
Pág. N° 3 Empirismo inglés. Robert Boyle.
Pág. N° 4 Racionalismo. Breve repaso histórico de la evolución del racionalismo. Descartes.
Pág. N° 5 Kant. Sucesores de Kant. El giro epistemológico moderno (s. XVII).
Pág. N° 6 III) DEBATE. Inducción.
Pág. N° 7 La Revolución Científica y el papel del experimento.
Pág. N° 8 Koyré. IV) CONCLUSIÓN.
Pág. N° 9 La verdad. Las ciencias fácticas.
Pág. N° 11 Resumen. Palabras clave.
Pág. N° 12 Abstract. Keywords.
Pág. N° 13 Índice. Bibliografía.
Bibliografía
Verneaux R. (1994): “EMPIRISMO GENERAL O CRITICA DEL CONOCIMIENTO (curso de filosofía tomista)”, Edit. Herder.
Diaz Esther (2010): “LA CIENCIA Y EL IMAGINARIO SOCIAL”, Edit. Biblos.
Aristóteles (año 2001): “METAFISICA”, Edit. Debolsillo.
Beltrán Antonio (1995): “REVOLUCION CIENTÍFICA, RENACIMIENTO E HISTORIA DE LA CIENCIA”. Edit. Siglo XXI.
Descartes, René: “MEDITACIONES METAFISICAS”, Edic. Electrónica de la Escuela de Filosofía Universidad ARCIS. https://docs.google.com/viewer?a=v&pid=sites&srcid=ZGVmYXVsdGRvbWFpbnxhcG9ydGFjaW9uZXNmaWxvc29maWNhc3xneDo3NzA2NjZhMmQ4NTcxMWFh
miércoles, 13 de octubre de 2010
CAFE FILOSOFICO II
viernes, 3 de septiembre de 2010
lunes, 5 de julio de 2010
TIEMPO
Haciendo tic tac con los momentos que componen un día monótono
Desperdicias y consumes las horas de un modo desconsiderado
Dando vueltas en un pedazo de tierra en tu ciudad
Esperando por alguien o algo que te muestre el camino.
Cansado de tumbarte bajo el sol
Quedándote en casa mirando la lluvia
Eres joven y la vida es larga y
Hoy hay tiempo que matar
Y luego te das cuenta un día De que tienes
diez años detrás de ti
Nadie te dijo cuando correr,
llagaste tarde al disparo de salida.
Y tú corres y corres para alcanzar al sol, pero se está poniendo
Y girando velozmente para de nuevo elevarse por detrás de ti
El sol es el mismo de modo relativo, pero tú eres más viejo
Con aliento más corto y un día más cerca de la muerte.
Cada año se hace más corto,
parece que nunca se encontrara tiempo
Planes que fracasan
o media página de líneas garabateadas
Esperando en silenciosa desesperación
es la manera inglesa
El tiempo se fue, la canción terminó,
pensaba que tal vez diría algo más.
Autor: Pink Floyd (Mason, Waters, Wright, Gilmour) 7:06
Fuente: musica.com
Desperdicias y consumes las horas de un modo desconsiderado
Dando vueltas en un pedazo de tierra en tu ciudad
Esperando por alguien o algo que te muestre el camino.
Cansado de tumbarte bajo el sol
Quedándote en casa mirando la lluvia
Eres joven y la vida es larga y
Hoy hay tiempo que matar
Y luego te das cuenta un día De que tienes
diez años detrás de ti
Nadie te dijo cuando correr,
llagaste tarde al disparo de salida.
Y tú corres y corres para alcanzar al sol, pero se está poniendo
Y girando velozmente para de nuevo elevarse por detrás de ti
El sol es el mismo de modo relativo, pero tú eres más viejo
Con aliento más corto y un día más cerca de la muerte.
Cada año se hace más corto,
parece que nunca se encontrara tiempo
Planes que fracasan
o media página de líneas garabateadas
Esperando en silenciosa desesperación
es la manera inglesa
El tiempo se fue, la canción terminó,
pensaba que tal vez diría algo más.
Autor: Pink Floyd (Mason, Waters, Wright, Gilmour) 7:06
Fuente: musica.com
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